Mis vestidos curvy y olvidados. Cuando crees que algo no va contigo

vestidos curvy sientan bien tallas grandes

Debo reconocer que hace muchos, muchos años, me desperté un día, no recuerdo cuándo ni por qué, y los vestidos curvy fueron desterrados de mi armario. Bueno los vestidos, las faldas y prácticamente cualquier prenda que no fueran los pantalones vaqueros. No pasé por ningún episodios traumático de gorda enfundada en esta prenda, pero no sé por qué, cada vez que iba de compras ni si quiera me fijaba en ellos. Al fin, me pasé más de una década en la que para verme con vestido había que esperar a ir de boda. ¡Esos sí que me gustaban! Largos, cortos, vaporosos, con cortes asimétricos… Pero en mi día a día ni se me pasaba por la cabeza el salir a la calle con ellos. Cuando tras mi maternidad y mi post parto eterno, decidí volver un poco a mi yo anterior, aunque sólo fuera en las cuestiones del vestir, los vestidos volvieron a entrar en mi armario. Si echo la vista atrás ahora ¡no entiendo por qué pude cerrarme en banda a llevarlos! Me encanta ponérmelos, me da la sensación de que por sencillos que sean, lucen mucho más que cualquier atuendo arreglado que podamos idear haciendo uso de chaquetas y pantalones, son cómodos, existen infinidad de modelos, de tejidos, de estampados… En fin, que me doy cuenta de lo tonta que fui al renegar de ellos durante tanto tiempo.

Supongo que todas tenemos alguna prenda que detestamos, que pensamos que no nos sienta bien, o con la que no estamos cómodas. Pero es que en mi distanciamiento de gorda con vestidos olvidados no existe ninguna de estas causas en el trasfondo. Igual que os confirmo que odio el chándal y que esa prenda tan supuestamente ideal para las plus size, los leggings, a mí no me acaba de convencer, a los vestidos no les veo pegas para haberlos relegado en el olvido durante tanto tiempo. Tras este periodo ¡me ha entrado la fiebre de la madre peripuesta! Llevo casi año y medio comprando cantidad de vestidos que a veces ni siquiera me ha dado tiempo a estrenar porque se me ha pasado la temporada completa sin haber tenido la oportunidad. Voy de un extremo a otro, como las locas. En mi caso han sido los vestidos curvy la prenda con la que me he vuelto a reencontrar, pero lo que me gustaría es animaros a no negarle la oportunidad a ninguna pieza de ropa, porque si ya estamos limitadas en cuanto a tallaje y fabricantes, como para estrecharnos aún más el círculo de forma voluntaria. Os dejo la lista de excusas que yo usaba para no tener que usar vestidos curvy.

Dan frío en invierno. No digo yo que si viviera en plena estepa siberiana, lo de salir en enero con vestido curvy, y mono, y unas medias de las que no tapan nada, podría considerarse un acto de auténtica descerebrada. Pero habiendo vivido en zona Mediterránea desde que nací ¡qué frío iba a poder llevarme por delante! Ninguno. Así es que exceptuando días en los que estemos bajo cero, no veo motivo para no lucir vestidos en cualquier época del año. Además, como ahora te dejan combinarlos con leggings en lugar de medias, existen las botas de caña alta y súper alta y yo no soy de lucir mini vestidos que me tapen justo por donde acaban las bragas, no veo que quede tanto cuerpo al descubierto como para que me hiele.

Me roza la entrepierna en verano. ¡Qué consecuente soy con mis palabras! Si los vestidos curvy eran muy fríos para el invierno ¿qué excusa podría poner para el verano? Pues una muy buena, y es que realmente en época de calor, sudor y lágrimas, la entrepierna de una curvy a veces se resiente, por lo que si elegía una falda o vestido para salir y andar durante mucho tiempo en época de bochorno, volvía a casa con la zona escaldada y renegando de mis ganas de aparentar. Por suerte, desde que descubrí la braga faja de pantalón ¡asunto arreglado! Ya puedo irme a hacer turismo a lo loco, recorriendo kilómetros durante horas, que no habrá rozaduras de por medio.

No me sientan bien del pecho, o de la barriga, o del culo… Bueno ¡hay que esforzarse en encontrar el que te cuadre con todo! Yo tengo una mega panza y un pecho grandote. Ni cintura diferenciada ni nada. Y claro, en ocasiones, los vestidos curvy que me sientan genial del pecho me quedan fatal de la cintura, o me hacen el doble de culo, o se quedan holgados de la sisa… Puede que yo esté muy mal hecha ¡o no! Porque depende mucho de los patrones de los fabricantes y hasta de los tejidos utilizados. Un mismo vestido se me puede ajustar a la perfección en cierta talla y tela, y quedarme como para que me griten por la calle cambiando sólo uno de los dos parámetros. Por eso ¡hay que probarse todo lo que podamos hasta que salgamos convencidas!

Son demasiado de vestir. Y los vaqueros demasiado casual y eso nunca me ha importado. Los vestidos curvy, por baratos que fueran, sencillos, coloridos y de andar por casa, siempre me daban la impresión de ir toda encopetada. Y claro, me veía fuera de lugar si me lo ponía para ir a comprar el pan o al parque con la niña. Pero esto se acabó. Desde que a alguna lumbrera se le ocurrió que te los podías poner hasta con zapatillas de deporte ¿qué más comodidad de puede pedir? No digo que vayamos a ir con tules o lentejuelas a las 8 de la mañana, pero con la cantidad de cosas confeccionadas en algodón y la de tejidos sintéticos que existen ¡tienes vestidos curvy para todas las ocasiones que quieras!

Sólo me los puedo poner una vez. Mira ¡como si fuera una princesa! O sea, salir a diario con los mismos vaqueros, o alternando modelos que parecen clones, no me ha importado nunca. Ni siquiera me he parado a pensar si la gente los vería claramente iguales y pensaría que ni lavo los pantalones. Sin embargo, al pensar en los vestidos curvy, me daba la sensación de que necesitaba uno nuevo para cada ocasión. Como si no pudiera ponerme el mismo una vez a la semana, o dos días seguidos. No sé por qué motivo esto me parecía una opinión de lo más coherente. Por suerte ¡desterrada queda! No me da el presupuesto para comprar un vestido nuevo cada día de la semana, así es que bienvenidas sean las repeticiones, con variaciones en el calzado, en los complementos ¡algo idearé para que no me entre de nuevo esta neura!

Vosotras ¿tenéis alguna prenda de la que halláis renegado mucho pero que por fin habéis recuperado para veros estupendas?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

2 comentarios:

  1. Marisa Sepulveda

    Pues mira, a mi el chandal me encanta, no tiene nada de glamour pero muchas veces donde quede la comodidad que le den a la belleza, sobre todo si tus 20 minutos en publico van a ser dentro de un supermercado. Yo lo que no llevo bien son los pantalones vaqueros, cuando me los compro me veo genial pero luego no se que pasa que siempre estiran o encogen y me veo horrible.

    • ¡Jajaja! Ay, yo el chándal es que lo odio desde niña. Con los vaqueros también sufro en el momento del lavado, porque recién recogidos del tendedero parece que ya no me vayan a volver a abrochar nunca más. Pero ¡sí! Luego se estiran y vuelvo a caber. Eso sí, cuando están encogidos ¡es cuando mejor sientan!

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