Mis tratamientos faciales preferidos. Si yo fuera rica…

tratamientos faciales preferidos

La cercanía de mi cumpleaños siempre me predispone el cuerpo y la mente para cometer locuras e incluir en mi lista de deseos algunos de mis tratamientos faciales favoritos, corporales, potingues, complementos… ¡Y que me saquen a comer a un sitio molón! Antes pedía viajes, pero con los niños me he tenido que moderar un poco, así es que por lo menos me permito el lujo de dar ideas que sean del todo egoístas y que únicamente pueda utilizar yo, en primera persona. Sin compartir ni nada. A lo largo de los años, desde que por casualidad me regalaron el primero de mis tratamientos faciales preferidos, pasando por ese ritual carísimo que te suelen proponer en los centros de estética cuando planeas tu boda, o la súper suerte que tuve al poder disfrutar de una promoción ideal de cuidados faciales a precio de saldo, he estado haciendo mi lista para saber qué es lo que más disfruto y qué no repetiría. Así es que aquí os dejo mis mejores experiencias en este terreno ¡aunque por desgracia sean muy pocas.

Exfoliación facial profesional. No es como en casa

La primera vez que me enfrenté a esta experiencia ni siquiera se me había ocurrido pensar que fuera tan necesaria y que además pudiera hacerla en casa. Después de pasar por ella, la exfoliación ha pasado a formar parte de mis rutinas, tengo unos cuantos productos que me encantan para hacérmelas yo sola (tanto las faciales como las corporales) pero definitivamente, no hay nada como ponerse en manos de un profesional y dejarte llevar. Más allá de la propia exfoliación, el tratamiento comienza con una higiene facial, se pasa a la abrasión del cosmético exfoliante y acaba con un masaje divino con crema hidratante. Sales de allí con la cara renovada, súper suave, tienes la sensación de que puedes respirar por cada poro, que te ha vuelto la vida al rostro y te ves estupenda sin maquillaje ni nada. De verdad, las caseras no me dejan así de espectacular, será porque tengo que hacer todo el proceso entre niños corriendo y sin ese espacio de calma perfecta. Tengo que reconocer que con profesionales sólo he vivido una única experiencia de exfoliación, pero aún así es uno de mis tratamientos faciales preferidos.

Rejuvenecimiento facial. El primero de mis tratamientos faciales preferidos

¡Este es del pack de la boda! Me casé con 28 años, a 4 días de los 29 y no me veía especialmente viejuna porque incluso hoy la gordura me ayuda a tener la cara bastante estirada. ¡No hay mal que por bien no venga! Sin embargo, aquello de hacerse un rejuvenecimiento facial para el gran día parecía algo casi obligatorio y claro, no iba a ser yo la única novia que se negase a pasar por la experiencia y se plantase en el altar con la crema hidratante diaria de su casa. Así es que allí que me lancé, con hora para el rejuvenecimiento facial y para la depilación de piernas ¡todo a la vez! Al acabar me pareció una maravilla el rato tan relajado que había pasado, por lo que sospecho que a mí me hace más efecto el trato personal y el ambiente profesional que el propio tratamiento en sí. El mío constaba de una higiene rápida, la aplicación de toallas húmedecidas con diferentes productos y a diferentes temperaturas, masajes faciales e hidratación a cascoporro. ¡Pero mucha, mucha! Porque la chica no dejaba de repetirme que mi piel absorbía todas las cremas de manera instantánea y ella volvía a repetir la aplicación ¡y más masajes! Además, entre un paso y el siguiente te suelen dejar sola, con tus pensamientos y tus cosas durante ratos largos, así es que la calma se apodera de tu cuerpo y cuando te ves en el espejo realmente parece que te hayan quitado años de encima.

Higiene facial sencilla ¡pero efectiva!

Para empezar con los tratamientos faciales básicos en manos de expertos, es la opción más económica y así podréis haceros una idea de si estos rituales están hechos para vosotras o no os parecen nada del otro mundo. Aunque sea un proceso simple, te preparan casi como si fueras a entrar en un quirófano, así es que entre la bata para no mancharte tu ropa, el gorrito o la diadema para mantener a salvo el pelo, empiezan a desmaquillarte en profundidad, a limpiar toda la piel, exfoliar ligeramente… Si tienes problemas de acné, supongo que harán hincapié en las zonas que más lo necesiten, pero este no era mi caso. Por lo que en seguida llegamos al final y a la hidratación mediante la aplicación de una mascarilla. ¡Ay! Ojos tapados con 2 algodones durante casi todo el proceso, mucho masaje facial tanto al aplicar el producto como al retirarlo en cada uno de los pasos, y tantas sensaciones con contraste de temperaturas, texturas, esa mascarilla que se fundía con la piel y que luego desaparecía casi como si me estuvieran pelando la cara… Llamadme disfrutona, pero tanto el proceso simple como el resultado fueron geniales.

Para mí, una parte importante del placer está en la elección del centro de estética y de la profesionalidad de quien te atienda. Los resultados siempre me han parecido buenos, la verdad, pero poder gozar además durante el tratamiento ¡eso es otra historia! ¿Vosotras tenéis alguna preferencia de este estilo o sois más de gestionar todas las cuestiones cosméticas en casa?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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