Piensa en curvy

¡Horror! Tener sexo disimulando los michelines

sexo disimulando los michelines

Supongo que soy la típica gorda graciosa que decidió centrarse en sus estudios y dejar de lado la vida sentimental, por falta de tiempo y creía que también de oportunidades. Sin ser una bomba sexual (que no quiero desvirtuar la realidad) siempre pensé que debido a mi cuerpo situado muy al margen de los cánones de belleza juveniles, debería conformarme con el primero que me propusiera algo medio en serio (y medio decente), sin creer nunca que tendría la posibilidad de elegir nada. Vamos, que el sexo me parecía algo exclusivo de los guapos y de los delgados (feos o guapos, porque a veces tengo la sensación de que estando seco como un palo se te otorgan una serie de derechos que le están vetados a los gordos). Pero yo seguía siendo una gorda feliz. Sin sexo pero sin graves traumas. Creo.

El tiempo iba pasando y entonces llegó el momento. Seas gordo o no, lo más probable es que antes de que te mueras de viejo hayas tenido alguna oportunidad de contactar carnalmente con otro ejemplar de nuestra especie. Curiosamente, mi primera pareja y yo no podríamos haber sido más dispares ni habiendo hecho un casting a propósito. Siempre me he considerado una mujer muy segura de mí misma. Ya desde niña nunca me hicieron mella los comentarios relativos a mi peso, hasta el punto de que algunos compañeros de colegio tachaban de gordas a compañeras más estilizadas que yo y ni se les ocurría dirigirme los mismos calificativos. Supongo que tener una personalidad alegre, divertida y despreocupada hacía que el universo diese por sentado que los kilos de más me la traían muy al pairo.

Podía sufrir en silencio por no encontrar ropa de mi talla en un probador de una tienda de moda joven, o llevar bañador y nunca bikini por disimular lo indisimulable, pero más allá de este par de disgustos tontos y sin trascendencia, mi sobrepeso nunca me ha impedido hacer nada. Y sin embargo, llegado el momento del contacto sexual, toda esa poca vergüenza y extroversión que siempre me habían acompañado, se me rebelaron de mala manera para dejar al descubierto que tenía un exceso de pudor a la hora de enseñar mis michelines al mundo. Bueno, a mi compañero de experiencia en cuestión. ¿Se puede ser más tonta? Al mismo tiempo que luchaba con mi inexperiencia en el terreno sexual, sufría por no querer mostrar mi cuerpo. Si este hombre me había visto en bañador ¿qué susto podría llevarse? Seamos lógicos: un trozo de lycra pegado al cuerpo ya deja poco a la imaginación. ¡Si hasta te muestra cada hoyuelo de celulitis y casi deja trasparentarse las estrías!

Así no había forma de disfrutar de nada. Todo era concentración por mi parte para que la sábana me tapara por aquí o por allá, o que hubiera poca iluminación, o conseguir rebotar poco con esos vaivenes para que los michelines gelatinosos no entraran en un baile sin fin. Y claro, el otro se dio cuenta. Hasta el punto de preguntarme abiertamente si me daba vergüenza que me viera desnuda. ¿Vergüenza yo? Si a esa no la he conocido nunca ni espero su aparición en mi vida. Pero en ese instante antes prefería mandarlo al cuerno por meter el dedo en la llaga y por borde, que confesar mi recién descubierto trauma de gorda incompatible con el destape.

Por suerte, el orgullo de curvy y la mala leche reconcentrada ganaron la batalla al pudor del momento y comencé a pensar en los defectos más que evidentes de mi compañero sexual para envalentonarme y desinhibirme. Sí, sé que ver la paja en el ojo ajeno no es un buen tratamiento para subir la propia autoestima, pero en esos momentos no está una para hacer más disertaciones psicológicas y profundizar de una manera más sana en el shock recién estrenado.

Desde aquel día tengo muy claro que si logré sobreponerme como gorda con dignidad y michelines bailones, en una situación en la que cualquier persona se puede sentir tan vulnerable, no habrá ninguna vivencia en este mundo para la que mi peso suponga un obstáculo infranqueable. Bueno sí, para caber en las supuestas tallas grandes de la mayoría de tiendas de ropa, pero esto ya es otra historia.

4 Comments

  • Mivi Mama

    Uf te entiendo!! Mi primera vez fue con el novio que tenía por aquel entonces y era totalmente contrario a mi. Más alto, fibroso y ejercitado… y yo con mis kilos de más (menos que ahora, pero hay estaban mis chichas). Me costó, pero también mandé al peo las vergüenzas y me centré en la actividad en cuestión jejeje.

    • Mamá curvy

      ¡Jajaja! Oye, para que luego digan que parece que los gordos sólo nos emparejamos entre nosotros. Ahora seguro que no me lo hubiera tomado así, pero resulta que hay mucha gente que se preocupa por estas cosas en esos primeros encuentros.

  • La Hobbita

    Ains, el sexo… Yo por ahí no he tenido mayores disgustos que siempre he sido bastante desinhibida pero entiendo que es una situación vulnerable y que puede pasar factura a muchas mujeres (no solo a las curvies). Me alegra saber que tu te repusiste.

    Un abrazo 🙂

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