Rutina de sueño para madres
Vida sana

Rutina de sueño para madres. ¿Descansas bien por las noches?

Hace unas semanas os conté que me había apuntado a realizar una serie de cursos relacionados con la vida sana. Casi sin querer, me encontré en el lote con uno llamado “Conquista tu sueño” de Mammoth hunters. Por el título, me lo salté durante los primeros días, porque pensaba que estaría relacionado con el empoderamiento personal, los logros de objetivos en la vida y no me encontraba yo en esa época en disposición de meterme en honduras introspectivas. Pero resulta que al gestionar el alta en la plataforma, vi que en realidad no se trataba de un sueño utópico, sino del sueño real, del de cada día, del que se ve tan alterado con la llegada de la maternidad. Así es como llevo unas semanas aplicando sus consejos que, en realidad, no establecen una rutina de sueño para madres, sino para cualquier ser humano afectado temporalmente por este mal. Su plan consta de un entrenamiento de 21 días en el que siguiendo los consejos deberíamos lograr un descanso de calidad y un ritmo bien medido y más saludable. La verdad es que me resulta imposible ponerlo en práctica al 100%, pero voy a contaros los puntos en los que fallo y aquellos que he podido cambiar fácilmente, porque lo cierto es que he mejorado muchísimo la calidad de mi descanso en tan pocos días.

Rutina de sueño para madres con horarios estrictos

Esta es la parte que llevo peor. Resulta que no sólo son los niños esos mini seres a los que les va genial seguir un ritual diario para irse a dormir más o menos a la misma hora, sino que los adultos deberíamos hacer lo mismo. Sobre todo, cuando nuestro descanso está completamente alterado. En mi caso, a mí me gustaría acostarme relativamente pronto (como muy tarde a las 11 de la noche) y poder madrugar para trabajar algo antes de despertar a los niños (por ejemplo a las 6 de la mañana). Con este horario, dormiría 7 horas al día, lo cual me parece un lujo si tenemos en cuenta que desde que nació mi hijo pequeño, hace algo más de 3 años, mi media nocturna está en 4 horas de sueño y no todas del tirón. Un despropósito, claro. Lo malo es que no puedo irme a dormir sin haber acostado a los niños primero y estos me han salido muy noctámbulos y difíciles de agotar. Lo peor es que tampoco puedo madrugar, porque el pequeño duerme conmigo y si nota que me escapo de la cama ¡tierra, trágame! Él se levanta también. Así es que hago lo que puedo en las horas en que ellos también duermen.

Mi truco preferido. ¡Luces fuera!

Antes de ser madre andaba a oscuras de noche por la casa, pero con estos niños ¡todas las habitaciones parecen una feria! En estas semanas lo que sí he intentado es seguir el consejo de bajar la intensidad de la luz tras la cena. En el salón apagamos la lámpara del techo y tenemos otra de una sola bombilla de luz cálida para ver sin matarnos, pero más suave. Lo ideal sería no volverse a poner bajo un fluorescente como los del cuarto de baño, pero esto sólo lo logro tras acostar a los niños. También habría que dejar de usar la tele, la tablet y el móvil (esta es la prueba de fuego) y si tenemos que seguir utilizándolas usarlas en modo nocturno, con la iluminación de la pantalla muy baja y con un color que no sea ese azul-blanco estridente, sino un anaranjado cálido. A partir de este momento, queda prohibido volverse a exponer a las pantallas. Para mí ¡aquí ha estado la clave! Porque mi hijo se sigue desvelando por las noches para venir a por el pecho. En esos instantes, me era imposible volverme a dormir y tras un rato que me parecía eterno, me enganchaba al móvil para mirar redes sociales, comprar de madrugada, leer sobre un tema que me interesase… ¡Error! Mi cerebro empezaba a funcionar como si fuera de día y podía pasarme perfectamente 3 horas despiertas en medio de la noche. Esto, unido a los reclamos propios del niño, me dejaban ese mísero saldo de 3-4 horas de sueño siempre interrumpidas. Haced la prueba y si no sois capaces de dejar de mirar el móvil durante la noche, no os lo llevéis a vuestra habitación. Si sois capaces de levantaros para ir a buscarlo, igual el problema no sea sólo de sueño sino de una adicción tremendita.

Alejar los pensamientos tortuosos

Al empezar a seguir mi rutina de sueño para madres, me di cuenta de que incluso huyendo de las pantallas había algo que me costaba controlar: mis propios pensamientos. Empezaba a hacer listas mentales de tareas para el día siguiente, de citas que cumplir, de cosas que comprar, de regalos, de intereses sobre los que quería investigar… Total, que al final me angustiaba porque me daba la sensación de estar perdiendo el tiempo intentando dormirme, cuando podría estar haciendo cosas de provecho con nocturnidad. Sí, es cierto eso de que de noche, al consultar con la almohada, podemos tener ideas tremendamente buenas y solucionar aspectos de nuestra vida que parecían atascados. En ese caso, mejor tener una libretita en la mesita de noche, para evitar la tentación de ponerse a trastear el móvil, navegar por internet y no ser capaz de volverte a dormir hasta que no hayas logrado solucionar un asunto concreto o la paz mundial de forma global. Si al desvelarme noto que pasan muchos minutos, incluso una hora, y no puedo volverme a dormir, trato de respirar profundamente y concentrarme sólo en esto. ¡Es mágico! Y me acaba aletargando y durmiendo de nuevo. Si la cosa se complica, tengo mi Kindle para leer, con la luz de la pantalla muy, muy bajita. Así la cabeza se me distrae, no le doy vueltas infinitas a los mismos pensamientos y me duermo con mayor facilidad. Sin embargo, esta es la opción que dejo para noches desesperadas y en este mes sólo he tenido que recurrir a ella una vez. ¡Estoy mejorando mucho!

En definitiva, no tenía ni idea de que la luz de bombillas y pantallas pudiese alterarme tanto. ¡Y yo culpando al niño! ¿Ya habéis probado todo lo posible para dormir mejor? ¿Qué es lo que os ha funcionado?

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