Reformas de casas en la tele. El quiero y no puedo

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Mi primer embarazo me llevó a convertirme en una adicta de los programas de bodas de Divinity. Esas novias de todos los tamaños y colores, dispuestas a dejarse los ahorros de toda la vida en el vestido de su ceremonia (que no sé cómo pagarían el resto de la celebración, con el presupuesto que se llevaban los trajes) y esos familiares que en vez de estar allí para dar apoyo, parecía que se habían personado para hundir a las muchachas: que si no enseñes ese tatuaje, que si tápate las carnes, gorda impura, que si a él no le va a gustar… Todos los programas eran exactamente iguales, cortados por el mismo patrón, con su planteamiento, nudo y desenlace. El formato de reality que se lleva explotando desde hace años y que nos encandila, pese a saber que lo normal es que el dilema acabe bien. Ya no se emiten, y han sido sustituidos exitosamente por los programas de reformas de casas en la tele. A estos me hice adicta un pelín antes de mi segundo embarazo. Estábamos buscando colegio para la niña y mudarnos también, así es que lo que empezó siendo una forma de coger ideas, ha acabado degenerando casi en una patología mal sana, porque veo episodios repetidos sin pena alguna. ¡Y me encantan! Al final, todos me frustran un poco (bastante) porque la conclusión que extraigo es que nunca, jamás, tendré una vivienda como las de los programas de reformas de casas de la tele. Pero bueno, al ser una droga, aunque me haga daño en el corazoncito ¡no puedo dejarlos!

¿Cuántos kilómetros mide tu casa? Nosotros estamos súper decididos a reformar la cocina y los 2 cuartos de baño. Cuando tengamos ahorros, cuando los niños sean algo mayores, cuando nos motivemos más para afrontar los contratiempos y los obstáculos que conlleva una reforma… Vamos, que de momento seguimos cogiendo ideas, pero no hay mucha voluntad por echar ni una baldosa abajo. La cuestión es que nuestro piso tiene 90 metros. Que no es un palacio, tampoco una ratonera, pero cuesta imaginar otra distribución posible, no como en los programas de reformas de casas de la tele, donde sobran metros a espuertas, y mi casa entera les cabría casi en el salón. Al final, es difícil inspirarse, dadas las evidentes diferencias en los espacios, así es que me conformo con ver cómo sufren por los contratiempos y qué de azulejos bonitos, y de tipos de suelos laminados que nos pueden sobrevivir pese a tener aspecto de parquet, se venden hoy en día. Ahí he descubierto material de construcción que jamás hubiese conocido de otra manera. ¡Y pensar que el señor de Bricomanía ya me tenía asombrada con sus montajes de mini muebles! Este hombre no sabía nada de decoración ni de cosas bonitas al lado de estos extranjeros.

La ducha con bañera. Es el invento más chocante a mis ojos de española. Con pocos metros en casa, nadie en su sano juicio va a poner una ducha pegada a una bañera. Para eso te haces dos baños, por pequeños que sean, y das privacidad a la higiene de dos personas a la vez. Sobre todo, esas bañeras sin mamparas, y por supuesto sin nuestras cutre cortinas. Que para bañar a bebés y niños, todavía, pero ¿cuánto tiempo tiene esta gente para ponerse a sí mismos a remojo de lunes a domingo? Yo ya me la imagino como trastero del horror si la tuviéramos en casa. Eso sí ¡qué baños más modernos y preciosos consiguen hacer!

El salón para recepciones oficiales. Algunos son más discretos, pero otros salones y comedores parecen pensados para esas citas de gala con el embajador que los comunes de los mortales ¡nunca tenemos! Igual se debe a las diferencias culturales entre americanos/canadienses (dependiendo del programa que veamos) respecto a los españoles. Sí, aquí hay gente muy aficionada a las cenas en casa, pero los bares y restaurantes, las terrazas y la vida callejera nos gusta un montón. A mí, con que quepamos en la mesa los 4 de la familia cada día, ya me sirve el diseño.

Grandes descubrimientos que he hecho con los programas de reformas de casas de la tele. Pues que el alicatado de la cocina y del baño no tienen que cubrir el 100% de la superficie. ¡Oh, Dios mío! ¿A nadie se le había ocurrido esto antes? Que aquí lo que se estila es la baldosa del suelo al techo y todo al rededor. Claro que me parece una opción súper duradera y práctica en las zonas de contacto con el agua, con la preparación de la comida… Pero ¿y en el resto? Todo tan igual, tan brillante y tan poco elegante. Además de más caro, porque si dejas paredes lisas, pintadas como te de la gana, o con papeles decorados, ojo al ahorro en azulejos y mano de obra que vas a tener. Sí, se nota que ando haciendo mis números para ver si no me salen los cambios por un ojo de la cara. Al espacio de almacenamiento, que es como le llama esta gente a los armarios de toda la vida, ¡ponle puertas! Y que no sean transparentes. Queda divino no ver zapatos, abrigos y todo eso que la del método KonMari llama komomo, como si te quisiera atacar desde cada ángulo de tu casa. Detrás de esas puertas puede estar la entrada directa al infierno. Pero ni tu la ves, ni los demás lo saben. Y queda todo monísimo, minimalista y ordenado. Lo mismo pasa con el llamado cuarto de la colada: nosotros solemos tener la lavadora y demás parafernalia integrada en la cocina o en un espacio a medio camino entre un balcón y un trastero llamado lavadero. Y nunca, jamás, es tan mega mono como los que se ven en estos realities.

Antes o después, creo que nos veremos inmersos en una buena reforma de estas habitaciones de mi casa, porque el resto puede mejorarse simplemente con decoración pero sin cambios estructurales grandes. A día de hoy, me deleito viendo estos realities e imaginándome como la diseñadora de mi propio hogar. ¿Alguien más tiene delirios de grandeza por la influencia televisiva?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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