Perder peso, volumen o grasa. ¿Qué significa adelgazar?

Perder peso, volumen o grasa

Hace unos años, tuve un sinvivir que me resultaba incomprensible tras haber perdido 11 kilos y no haber cambiado de talla. Pero nada de nada. Ni un número para abajo, oye. Me consolaba pensando que al menos estaba llevando una vida más saludable y creía, equivocadamente, que por mi edad esto era lo que me tocaba vivir: comer mejor, cuidarme por dentro pero que no se notase ni un poquito por fuera. La verdad es que me parecía un poco raro, pero como nunca he pensado en perder peso por cuestiones estéticas, no le di mayor importancia. Eso sí, al cabo de los meses descubrí que aquel plan de alimentación por puntos no me había ayudado a cambiar mis hábitos. Primero, porque creo que personalmente yo no estaba ni en el momento más adecuado de mi vida, ni aquel sistema, al que podía engañar cambiando toda la comida sana por 2 porquerías golosas al día, me ayudaron a tener un cambio radical. Como no aprendí a comer mejor, en cuanto acabé con el seguimiento volví a mis malas costumbres de siempre. Desde hace un mes, sé que perder peso, volumen o grasa no es lo mismo y que por salud deberíamos tener claros algunos conceptos, a fin de evitar caer en la tentación de las dietas milagro en lugar de ponernos en manos de nutricionistas de bien.

¿Es mejor perder peso, volumen o grasa?

Hoy lo tengo clarísimo ¡la respuesta es volumen! Pero hasta ahora nunca hubiera pensado que esta era la opción correcta. Esto es lo que me pasó en mi anterior intento de reeducar mis hábitos alimenticios: los kilos se me caían con relativa facilidad (11 kilos en 4 meses me pareció una buenísima pérdida) pero el volumen seguía prácticamente intacto. ¿Por qué? Porque con aquella dieta no estaba perdiendo la grasa acumulada en mis décadas de sedentarismo y pésima alimentación, sino que se me estaban yendo los líquidos y la masa muscular. De esto no tenía ni idea porque ¿quién hubiera pensado que medirte el contorno corporal era más importante que el número que te arroje la báscula? ¿Que adelgazar no es perder kilos sino tamaño corporal? Yo desde luego no estaba entre ese grupo de iluminadas con conocimiento.

¿Por qué una pérdida de peso lenta es mejor que una rápida?

Resulta que la grasa, que es eso tan dañino que se adhiere a nuestros interiores y que queremos eliminar a toda costa, pesa menos que el músculo. ¿Cómo se te queda el cuerpo? Es decir, que cuando realmente haces una dieta, o cambias los hábitos de comida, y el peso cae drásticamente, en realidad no estás eliminando la grasa mala sino debilitando tu musculatura. ¡Horror! No sólo no te deshaces del problema, sino que encima perjudicas a otras partes de tu cuerpo. Y sin embargo ¡tu báscula es feliz! Porque cada vez pesas menos, aunque tú no notes nada: tu ropa te sigue quedando igual, te ves igual en las fotos… Porque la grasa pesa poco, pero ocupa mucho. Aunque lo que tu piensas es que si el peso baja, debe ser que lo estás haciendo todo bien ¿no? Y claro, te sientas a esperar…

¡Mídete ese cuerpo! ¡Hazte fotos!

Tampoco es cuestión de entrar en pánico ante cualquier bajada de peso brusca. Por ejemplo, durante las 2 primeras semanas tras mi cambio de hábitos siguiendo los consejos de mi nutricionista de Corporis Sanum perdí unos 2 kilos, así sin pretenderlo, cuando la idea era ir bajando paulatinamente entre 200-400 gramos semanales. Sin prisas, pero de forma coherente para que los resultados fueran duraderos en el tiempo y no flor de unos pocos días. Esto es alg habitual, simplemente por el shock que tuvo mi cuerpo al comerme en una semana más frutas y verduras de las que probablemente me había llevado a la boca en 2 años completos. Lo sé, una vergüenza. También noté que orinaba muchísimo durante aquellos primeros días, pero una cosa exagerada, así es que debía tener líquidos inútiles retenidos a lo largo y ancho de este cuerpazo, y yo sin inmutarme. Sin embargo, a partir de ese momento la pérdida de peso fue mucho menor, pero al medirme el contorno de la cintura, estómago, cadera y muslos ¡aluciné! En un mes había perdido hasta 5 centímetros de algunas zonas y aunque no me hubiera tomado las medidas, el cambio en el volumen era más que evidente, porque todos los pantalones (TODOS) que había llevado cómodamente durante el verano, se me caían al segundo paso. Mi michelín superior dejó de asomar por encima de todas las cinturillas y hasta mi hija, con 5 años, comenzó a decir que me veía “la panchota menos gorda”.

Si a día de hoy pudiera elegir entre perder peso, volumen o grasa ¡me quedaría con el volumen sin dudarlo! Es la prueba definitiva de que el cambio está arraigando en tu interior, de que sí es grasa lo que estás quemando de verdad, aunque tu báscula te mire con ojos menos amorosos. Es algo similar a lo que ocurre con las tallas de ropa: no importa el número que te toque en suerte, porque lo que cuenta es cómo te ves tú y lo sana que realmente estás. Además, de esta forma se evita el temido efecto rebote. A mí me gustaría ser constante de forma definitiva, y que estos nuevos hábitos, recetas y pensamientos se quedaran a formar parte de mi vida para siempre (haciendo excepciones puntuales, claro, porque sigo siendo zampona por naturaleza, pese a que ahora me harte de verduras y me quede tan estupenda). Pero en caso de que recayera de alguna forma, todo el trabajo hecho durante este tiempo, de forma constante, sin recetas milagrosas y basado en los alimentos normales, sin procesar y la actividad física suave-moderada (ya sabéis que hago lo que buenamente puedo con mi propósito de ser runner, o más bien caminer), hará que el aumento de peso no se produzca de un día para otro, sino de forma progresiva, por lo que estaré a tiempo de volver a intervenir para controlar de nuevo mi salud.

¿Te has visto reflejada alguna vez en estas situaciones al hacer una dieta o cambiar tus hábitos? ¿Tienes claro lo que tu cuerpo necesita para funcionar de forma equilibrada?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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