La maternidad ha fulminado mi sentido del ritmo

Nunca he sido una gran bailarina, ni siquiera una bailarina mediocre, pero este curvy cuerpo ponía todo el empeño del mundo en seguir coreografías, memorizar pasos, intentar poner algo de gracia a la hora de danzar. Me han fascinado los juegos como el Just Dance, y por eso, tras convertirme en bimadre, decidí volver al gimnasio con una actividad que me parecía divertidísima e ideal para motivarme: el zumba. Pero tras 4 meses largos de ir a clases ¡sigo siendo la peor del grupo! A ver, no es que me plantase allí el primer día con aspiraciones de bailarina profesional ni deseando arrebatarle el trono a ninguna de las compañeras veteranas. Pero los días han ido pasando y me sigo notando torpe. Muy torpe. De lo que deduzco que la maternidad ha fulminado mi sentido del ritmo. Porque si no no entiendo estas cosas que me pasan y contra las que no puedo luchar.

Falta de coordinación. Me he convertido en esa persona súper motivada, que se esfuerza por darlo todo, por clavar los movimientos por intentar rozar la perfección ¡sin éxito! Recuerdo haber visto esta figura en mis tiempos de no madre, cuando acudía a las máquinas de mi anterior gimnasio y veía a un señor, el único hombre de aquella clase de Body Pump, haciendo exactamente lo mismo que hago yo ahora. Ay, por aquel entonces me producía ternurita y pensaba: “Míralo. No tiene vergüenza ninguna. No le importa el que dirán. Parece que se divierte y efecto le hace el ejercicio, porque el hombre se ve en forma. Qué ahínco le pone y qué pocos resultados rítmicos obtiene el pobre”. ¡Pues esa soy yo!. No, no voy a entrar en depresión, porque una vez asumido que llevo meses estancada, y que algo en mí falla cuando me cuesta tanto coordinar los movimientos que debería imitar, mejor aprender a vivir con ello y no hundirnos en la miseria. Pero sí, ahora me visualizo a mí misma reflejada en el gigantesco espejo frente al que hacemos la clase de zumba ¡y no doy pie con bola!

¿Qué le pasa a mi memoria? La normal la tengo bien, gracias. Siempre he presumido de que a mí me entra un dato en la cabeza y ya no vuelve a salir de ahí en la vida. Pero a la hora de memorizar coreografías ¿por qué ya no me resulta sencillo? ¿Por qué a veces todos los pasos me parecen más o menos los mimos y en otras ocasiones voy como pollo sin cabeza? Que si todos giran a la izquierda, yo lo hago a la derecha. Si hay que subir yo bajo. Si hay que hacer 3 repeticiones yo haré o 2, para no quedarme atrás, o 4 para ir perdida el resto del baile. Al empezar mi periplo por las clases de zumba, tenía asumido que los compañeros lo hacía súper bien porque ya conocían las canciones, llevaban mucho tiempo trabajando las mismas coreografías… Y calculaba que en unas semanas yo estaría a ese nivel. Pero no, no me hallo. Ay, ese momento en el que la monitora anuncia que vamos a introducir una canción nueva ¡es que me tiemblan las piernas! De cansancio y de temor por no saber si los nuevos pasos por conocer serán aún más liosos que los que ya estamos haciendo.

¿Es culpa de la maternidad? Realmente, no tengo ni idea de si la maternidad ha fulminado mi sentido del ritmo, o es que nunca lo he tenido y yo antes me miraba de una forma más optimista, o es que necesito más práctica para dominar una actividad que antes me costaba mucho menos esfuerzo. Lo que os aseguro es que incluso perdida ¡el zumba cansa mucho! Yo diría que incuso más que haciendo los pasos bien a la primera. Porque entre que te pierdes, corres para reubicarte, te reubicas, haces movimientos y aspavientos aún con más fuerza, para que se note que lo estarás haciendo de pena, pero a motivación no hay quien te gane. ¡Y eso se traduce en sudor! Algo es algo.

¿Habéis sentido que la maternidad os restara capacidades? ¿O será simplemente que la edad no perdona? Pero entonces ¿cómo es que esas señoras mayores lo hacen todo bien a mis ojos? ¿No estaré siendo demasiado crítica con mis curvy capacidades, cuando normalmente he sido bastante benévola en este aspecto?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.