Limitaciones no favorecedoras para una curvy

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No todas las curvy estamos cortadas por el mismo patrón, ni a todas nos sientan bien los mismos modelos, ni nos gustan los mismos estilos a la hora de vestir, pese a que a veces se crea que por tener algunos (o muchos) kilos de más, con encontrar un trozo de tela cualquiera con el que tapar nuestras vergüenzas sin sentirnos constreñidas ya podríamos darnos con un canto en los dientes. Alguna mujer de talla grande habrá que haya desesperado y que se conforme sólo con esto, pero a poco interés que desarrollemos por nuestro aspecto, nos vamos a percatar limitaciones no favorecedoras para nuestro curvy cuerpo. Hoy os hablaré de las que he ido detectando y que no casan con mi figura, o al menos a mí no me gusta el resultado que provocan cuando uso este tipo de prendas y de complementos. Sin embargo, reconozco que por pereza, porque ya me he gastado el dinero aunque haya resultado ser una mala inversión, por comodidad o por las pocas ganas de pensar, a veces parece que me adefesie a propósito antes de salir a la calle.

  • Demasiado volumen. Parece mentira que haga cuatro ratos mal contados que me di cuenta de que por gorda que esté, las prendas ajustadas me hacen mejor tipo. Siempre había huido de los pantalones slim, los súper slim, los leggings, etc. porque me daba la sensación de que una cosa era estar contenta con mis mollas y otra muy diferente tener que mostrarlas a gente con otro criterio diferente al mío. Pero desde que me compré unos treggings baratísimos de Kiabi por 6 euros, que he explotado sin descanso durante 3 años hasta que la entrepierna ya no ha podido dar más de sí, me di cuenta de que me veía como si pesase muchos, muchos kilos menos. ¡Era magia! La ropa ancha es muy cómoda, pero si uso pantalones holgados, sobre todo los de lino en verano, no me veo nada bien con un top también suelto. Si dejo una parte con amplitud de movimientos es mejor que ciña la contraria, por lo que los volúmenes, o los luzco arriba o abajo, pero no por todos lados porque parece que se multiplique el tamaño de mi presencia en este mundo.
  • Los estampados gigantes. He salido despavorida de ellos desde que tengo memoria, porque no me gustan ni en mí ni en otras personas. Pero más allá de una cuestión de gustos y colores, estoy convencida de que un floripondio gigantesco en medio de un top o la cabeza de un león asomando por un vestido, no me van a ayudar a estar ni a sentirme más mona. Esto reduce muchísimo el surtido al que puedo optar a la hora de elegir nuevas prendas de vestir, y por eso me quejo siempre de que suelo volver a los colores lisos en tejidos que tengan alguna gracia, para escapar de los estampados.
  • El taconazo de infarto. No digo que no estilice, que sí, que lo hace, pero con mi poco arte para lucirlos, cada vez estoy más convencida de que las gordas huimos de los tacones por comodidad y por preservar nuestra integridad física. O sea, a mí un tacón de aguja me estilizaría y me haría una pierna monísima si no recorriese ni 10 centímetros de terreno, porque en cuanto echase a andar, el efecto desaparecería por completo. En definitiva, por bonito que sea, el calzado que no es cómodo y con el que no podemos movernos de una forma natural se incluye en mi lista de limitaciones no favorecedoras para una curvy.
  • Los vestidos embutidos. En este punto sí debo reconocer que si un vestido es elástico y se adapta a cada recoveco de mi cuerpo, deja demasiados “defectillos” a la vista de todo el mundo que preferiría mantener bajo control. Es curioso que llevando un pantalón apretado y un top mega ceñido, el efecto sea infinitamente mejor que el de un vestido de una sola pieza que me haga parecer una morcillita de Burgos. Esto depende mucho del tejido del vestido, del corte que tenga, de si tiene forro o no, e incluso ¡de si te pones tu braga faja! Pero hay algunos súper sencillos que no esconden nada a la imaginación, que se remeten por cada pliegue de la piel, se acortan al caminar y que como en el caso de los taconazos de infarto, creo que engrosan el grupo de limitaciones no favorecedoras precisamente por la incomodidad que nos hacen padecer.

Pues hasta aquí, mi autocrítica del día. ¿Vosotras tenéis identificados esos estilismos que no os favorecen? ¿O todo os sienta bien?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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