La vida de una curvy casada con un insecto palo

vida de una curvy casada con un delgado

No hace mucho leí en We Lover Size un post titulado Soy gorda pero no me gustan los gordos. Parece un tema baladí, pero a veces me da la impresión de que los hombre guapos sólo pueden salir con mujeres que estén estéticamente a su altura, las gordas con gordos, los delgados con delgadas. No mentiré, porque a mí también me llaman la atención por la calle esas parejas un tanto dispares, si tenemos en cuenta los cánones que hay establecidos en esta sociedad. Y de golpe y porrazo, la primera y única vez que me ennovio en serio, lo hago con un hombre que tiene un aspecto físico lo más distante posible del mío. En psicología, hay estudios que demuestran que nos atraen las personas que tienen rasgos físicos parecidos a los nuestros y en mi matrimonio esto no se cumple. El insecto palo mide 1,88 y ha vivido rozando el borde el infrapeso desde siempre. Ahora ha entrado en un IMC normal con sus 71 kilos. ¡Un figurín vamos! Yo no soy bajita para ser mujer española (mido 1,70) pero tampoco estoy a su altura. Y el peso… digamos que si no ha muerto aplastado de noche es porque hemos tenido mucha suerte. Sólo por los kilos que nos diferencian, no tenemos ninguna similitud corporal, aparte de ser morenos los dos. Pero no es de estas diferencias de las que os quiero hablar hoy, sino de esas situaciones curiosas en la vida de una curvy que hemos vivido por la calle desde que somos pareja, hace algo más de 10 años.

1. Restaurantes. Cuando salimos a comer, creo que todos los camareros dan por hecho que invitarme a mí sale más caro que comprarme un traje. Cuando en la realidad, el insecto palo puede llegar a comer 3 veces más que yo. Si un gordo se siente atiborrado después de una comida copiosa, mi insecto palo exclamará: “¡Pues me he quedado bien! Ni muy lleno, ni con hambre”. La palma se la lleva en este asunto un bar de tapeo de Málaga. Era de las primeras veces en que visitábamos mi ciudad y allí no hay por qué pedir toda la comida de golpe. Pides tapas o raciones y vas sumando más a medida que notas que te va a faltar comida. Comparados con Barcelona, a mi entonces novio los precios de los bares le resultaron muy baratos, y la comida muy buena. Todas estas características favorables, unidas a sus ansias de comida, dieron como resultado un exceso de peticiones al camarero: que si traiga ahora una de adobo más, y ahora otra de jibia, y ahora una de pinchitos… Pese a que yo había parado de comer hacía 3 tandas, en la última de estas comandas el camarero se paró junto a nosotros, me miró de arriba abajo y torció la cabeza pensando “¡anda hijo, lo que te tiene que costar alimentar a la gorda!”.

2. No como por la calle. Desde que soy mamá curvy, estoy dejando un poco de lado este aspecto, y si tengo hambre o voy con prisas, como a la vista de todo el mundo, caminando y santas pascuas. Pero hasta hace poco evitaba comer cualquier cosa (menos helado) si el insecto palo no comía también conmigo. De hecho, a veces él comía y yo me aguantaba hasta llegar a casa, a un bar o a cualquiera de los establecimientos en los que está bien visto comer. Porque si alguien delgado come por la calle, no pasa nada. Todo el mundo entiende que tendrá hambre y que no tiene tiempo o ganas de ir a cobijarse de las miradas ajenas. Pero si una gorda come por la calle ¡mira la gorda, que se pasa todo el día comiendo! Aunque no sepan la de horas que llevas sin ingerir nada, o la idiosincrasia de tu dieta o de cómo te organizas tu vida personal.

3. Los gitanos rumanos. Al ser morenos los dos, una vez nos confundieron con gitanos rumanos que supuestamente estábamos mendigando en la calle. Pasó un hombre de una parroquia con una mini moto y claro, vio en pleno agosto a una señorona entrada en carnes, comiéndose un bocadillo envuelto en papel de aluminio, en un parque, a la sombra de un árbol, en pleno agosto, y esto ya lo desorientó por completo. Luego vio el tipo del insecto palo y empezó a gritarnos desde la carretera “¿Gitanos? ¿Gitanos rumanos?”. “No, somos españoles” (con demasiado sol de la costa, eso sí). Así es que el hombre siguió de largo después de explicarnos que se dedicaba a acoger a inmigrantes que no tenían donde dormir o comer en la parroquia, para quitarlos de las calles. Muy buen fondo, pero se le fue la mano reclutando al personal.

Seguro que si hago memoria recuerdo más situaciones de este tipo, en las que ser una mujer curvy ha hecho pensar a la gente que soy el agujero negro de nuestra economía familiar, que tengo a este hombre pasando necesidades y que si me dejan suelta me como hasta al apuntador. ¿Soléis hacer este tipo de juicios cuando veis a otra gente plus size por la calle?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

21 comentarios:

  1. Jajaja vaya título te has sacado de la manga!!
    Cuando conocí a mi búlgaro hace 15 años era delgadísimo y yo más redondita, así que me he sentido un poco identificada. Ahora por suerte él ha ganado pero y ya parece normalito jaja! Antes me clavaba todas sus costillas, ay!
    Lo de los gitanos rumanos es la leche… 😀

  2. Maria Mivinailart

    Jajaja os pasa de todo!! En mi caso los dos somos gordis y tampoco nos ha pasado muchas cosas. Bueno, en Sevilla estando yo ya embarazada y con una buena tripa estabamos en un bar cenando con unos amigos y al salir no sabía si podría salir bien entre la silla de un chico y la barriga. Total que nuestro amigo le dijo que si podía apartarse un poco un momento, toda la mesa se giro y miró a mi marido en plan “si que pase el gordo” y justo detrás iba yo con la barrigota y algunos se quedaron blancos en cuestión de segundos… anda que tardó el muchacho en levantarse y pedirme disculpas jajaja.

    • ¡Joé! Oye, pues aunque sólo hubiera sido para dejar pasar a tu marido ¡digo yo que los gordos también tendremos derecho a entrar y salir de los restaurantes! Ya ves, que te quedas atrapado de la forma más tonta y encima te miran mal para cederte el paso. ¡Ay!.

  3. Mis novios han sido todos bastante tirillas menos el Mozo, el definitivo, que se me está poniendo curvy desde que me lo malcrían en la oficina…. ¬_¬ (¿los hombres también son curvies?)

    Vamos, que ahora mismo, vamos los dos embarazados por la calle así que no nos miran mucho porque somos la típica pareja del barrio.

    Antes, cuando salía con los tirillas, si que nos miraban más. Pero creo que era más por ellos que por mi, largos como un día sin pan y delgadiiiitos, delgaditos. Ahora nos miran las barrigas si acaso.

    Un abrazo 🙂

    • ¡Jajaja! Los hombres no son curvy, son gordibuenos, fofisanos… tengo pendiente una entrada sobre esta terminología. Me parto con lo del embarazo compartido. Por lo que veo, por unas cosas o por otras, siempre hay gente dispuesta a sacra defecto en los cuerpos de las parejas ajenas. Así es el insecto palo:muy alto y muy delgado, aunque en los últimos años ha empezado a ganar peso. Y yo… pues redonda como una peonza.

  4. Nosotros somos al revés: el palo de la escoba soy yo y marido es grandote, encima de un país donde la gente es muy grandota, incluídas las mujeres yo a veces me siento en tierra de gigantes, toda su familia son armarios de hecho hasta mi hija mayor ya es más grande que yo. Y cuidado, que es posible que yo sea la que más coma de todos, el marido el que hasta que no viene del trabajo, no almuerza, y yo deseando algún que otro kilito porque se me lleva el viento…

    • Es que el mundo, y las carnes, están muy mal repartidos. De altura, aunque soy más baja que él, no desentonamos tanto, y en España bueno, la obesidad infantil está ya a la orden del día, por lo que a este ritmo dentro de unos años voy a ser la sílfide del país. Mi hija de momento apunta maneras más hacia lo alto que hacia lo ancho. Ya veremos cómo sigue el cuento.

  5. Jajajaj, nosotros somos los dos delgados así que anécdotas graciosas o no graciosas no nos han pasado, lo único que en los restaurantes cuando ven lo que como(que es mucho) siempre me dicen que mi apariencia les engaña, pero vamos, que como tampoco le doy mucha importancia pues ahí se queda, en definitiva, no tengo anécdotas.
    ¿Te puedes creer que no me fio si la gente come por la calle o no? Sea o no curviy, nunca he reparado en eso y me parece de gente bastante snob juzgar a una persona por eso, pese lo que pese .
    Lo de los gitanos rumanos me ha matado, es que os imagino perfectamente,jajajajaja. Me he reído mucho.

    • Ya ves, tengo una curvy vida que es una fiesta de comparaciones, de malos entendidos… Un no parar, vamos. Soy la primera que me doy cuenta del contraste de peso que existe en este matrimonio, pero oye, digo yo que nos habremos visto algo más que los kilos para decidir emparejarnos. A ti veo que te pasa como al insecto palo, que come como una lima y nadie sabe dónde lo guarda, porque no aprovecha nada de nada.

  6. Jajaja, pero muchacha, tú cuántos blogs tienes?? Este no lo conocía pero ya está solucionado, suscrita estoy 😉 Muy bueno el post, en mi caso es más o menos al revés, yo no es que sea un insecto palo ni mucho menos, de hecho me sobran unos 10 kilos, pero a mi marido le sobran muuuuchos más, además de la altura, le sacaré como una cabeza, y eso socialmente no es lo normal, el hombre “ha de ser” más alto que la mujer. Así que bueno, tú tienes un insecto palo y yo tengo un bichito de bola, entre insectos queda la cosa, jajajaja.

    • ¡Tengo 4! Este es el más reciente y aún no tiene ni 2 meses. ¡Jajaja! Un bicho bola el tuyo. Como se enteren de que los llamamos así nos van a retirar el saludo y hasta el matrimonio. Sí, las parejas que tienen esta disparidad de peso o altura se siguen viendo raras en la calle. Será que no “hace bonito”.

  7. La gente enseguida hace juicios enseguida. Yo también tengo por marido un insecto palo y a su lado abulto. Hace años yo estaba ultra delgada y recuerdo que fuimos a desayunar y me pedí un par de tostadas con mantequilla y mermelada. Y el camarero empeñado en que no me iba a comer dos, que una (pan bimbo xl) y al final me las trajo y me las comí, voy a saber yo lo que me pide el cuerpo. Y es que en esto las apariencias engañan. Ahora que peso más como menos que cuando estaba delgada, pero la gente te ve y se hacen su película!!!

    • Oye, veo que el gremio de los camareros es de juicio corporal fácil. Con lo bien que se lo ponemos pidiendo comida de más que pensamos pagar. Yo no veo exagerado que te comas dos tostadas ¡este hombre se comería la bolsa de pan entera si lo dejáramos!

  8. Jaja insecto palo lo llamas??? Si, algún kilo le falta en la proporción de altura.
    Nosotros somos parecidos, morenos, ni altos ni bajos ni gordos ni delgados.del montón.
    Me ha encantado el post. Q razón q muchas veces he pensado eso de q sw emparejan gordos con similares y flacos con similares.

    • Sí, en el otro blog es el papá de mi bichilla y aquí el insecto palo. Esto es amor de verdad. Es que a demás del físico, se valoran otras cosas y claro, no siempre los gordos buscan otro bicho bola para pasar la vida ni los secos otro palo de escoba. ¡Que en la variedad está el gusto! Aunque a veces se vea una en estas coyunturas.

  9. ¡la vírgen! Tia, el parroco esa estaba a lo poco reclutando gente para vender sus organos, y el camarero malageño era para mandarlo a la mierda xDDDDDDD Y sí, comer por la calla, estando gorda ¡es de gorda! pero comer por la calla estando delgada, pues es que no tiene tempo la pobre… Otro post tienes que contar también sobre las gordas que salen en las películas, qeu siempre son para hacer el papel de gorditas, comiendo pastel xD

    • ¡Jajaja! Ya estamos viendo conspiraciones y tráfico de órganos. El camarero ¡ay, y eso que era paisano mío! Comer por la calle es una mala costumbre muy de gordas. Esto es así. Sobre gordas en el cine tenía pensado un tema, pero gracias por la inspiración.

  10. No entiendo porque la gente hace esas deducciones, que si un@ está gord@ es porque come mucho y el delgado, apenas nada, cuando mucha culpa la tiene el metabolismo y la genética personal. Me he reído mucho con tu post! Nosotros como los dos estamos de buen año (aunque él más que yo), no tenemos mucho problema, jaja.

    • ¡Jajaja! e encanta que reconozcas que los dos estáis de buen año pero él más que tú. ¡Jajaja! Pues mira, así os ven parejos por la calle y no se murmura sobre vosotros.

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