Joyas para una curvy. ¡De todos los precios!

joyas para una curvy

El mundo de la joyería también hace distinciones para las gordas ¡y suelen ser mucho peores que las de la moda de vestir! No porque no fabriquen en nuestra talla ¡sino porque nos cobran muchísimo más por el material! Siempre he estado de acuerdo con esta medida de castigo, porque si necesitamos más metros de tela, pues bien, paguemos por ella. Con tal de que nos diseñen modelitos de nuestro tamaño… Pero cuando lo que aumentan son los centímetros de oro ¡mátame camión! El precio se dispara una barbaridad. Curiosamente, esta lección la aprendí cuando elegimos nuestras alianzas de boda, y pese a la hechura corporal seca del insecto palo ¡el suyo fue mucho más caro! Y con mucho me refiero a que el mío, de oro blanco, oro negro y 2 brillantes (diminutos, pero aquí están haciéndome compañía) estaba valorado en 500 euros y el suyo, todo liso, en 800. Resulta que lo único gordo que debe tener en el cuerpo es ese hueso del dedo anular. En mi vida, me he topado con anillos que no eran de mi talla, pulseras que no podía cerrar (y eso que la muñeca no me la veo especialmente gorda) y gargantillas que amenazaban con estrangularme. Recuerdo una que me prestó mi madre para una boda, con perlas y estrellas, y cada punta de las estrellitas se me clavaba de mala manera. Así es que sí ¡las joyas para una curvy deben existir!

pendientesmi platera joyas para un acurvy

A pesar de todo, no soy de tener un joyero repleto de tesoros. No me gusta el oro amarillo, ni las piezas recargadas, ni tampoco tengo oportunidad de lucirlas en mi día a día. Sin embargo, siempre, siempre, siempre, llevo pendientes, al menos 2 anillos y voy haciendo uso de pulseras y colgantes muy de vez en cuando. Antes de ser madre me enjoyaba más, pero ahora con los niños ¡todo son prisas y pérdida de memoria! Así es que lograr salir de casa sin dejarme a uno dentro es a todo lo que aspiro. De ahí que muchas veces pase por mi mente el ponerme alguna de mis joyas curvy y al final salga sin haberla cogido. No suelo tener bisutería barata del todo, pero mucho menos joyas de la corona. Así es que me muevo entre algunas piezas (poquísimas) de oro blanco, y el resto elaboradas en plata, plata y perlas, plata y circonitas… Prácticamente todo lo que tengo hoy es de dos marcas.

pandora bisutería gordas

Pandora. Empecé con la tontería de los charms porque eso de tener una pulsera coleccionable, como por fascículos, me pareció un inventazo. De entrada, era de plata, me gustaba el diseño, la podía modificar a mi antojo y no necesitaba hacer un gasto excesivo. Elegí una con cordón de plata (60 euros costaba entonces) y mi personal shopper, el insecto palo, mi cuñada… siempre había alguien que me sorprendía con un nuevo charm. Los de plata de Pandora tenían precios que empezaban en 18 euros, así es que era un regalo al alcance de todo el mundo. También tienen diseños en oro a 2.000 euros la pelotilla, pero de esos no tendré jamás ninguno. En definitiva, que a lo tonto a lo tonto, llené mi primera pulsera enterita, y cuando ajusté cuentas, resultó que llevaba más de 700 euros de plata alrededor de la muñeca. ¡Ole yo! Poquito a poquito se convirtió en el joyón de mi casa. A raíz de los charms, me aficioné a sus pendientes, colgantes, y pulseras rígidas. Y los reyes magos me trajeron por sorpresa una nueva pulsera pero de cuero. Así es que ¡estoy de vuelta en el entusiasmo de los charms!

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Mi platera. Conocí el negocio de Cristela a raíz de la comunidad de Bloggers&Family. Me entusiasmó desde el primer minuto, si bien coincidió con mi peor época en lo que a inversión en complementos de madre se refiere. La joyería para una curvy no pasaba por su mejor momento en mi casa, después del primer parto, y mucho menos después del segundo. Pero hace unos días me dio una ventolera de las de quererme más y pensar más en mí misma ¡y me lié! Me lié tanto que decidí cambiar los pendientes con los que me acuesto y me levanto cada día desde hace 11 años, por unos que eran como para acudir a una boda real. Buscando pendientes largos de plata, el señor Google me llevó a un diseño precioso ¡hecho en oro blanco y diamantes y valorado en 6.500 euros! ¿Por qué me hacía eso? Así es que desde que conozco Mi platera, cada vez que veo una joya que no me puedo permitir, por motivos tan obvios como ese sacadero de dinero en oro y piedras preciosas, contacto con Cristela, le expongo mis desvelos y ella les da solución en poco rato. ¡Ay! Es que la tengo que querer. Ahora seré pobre ¡pero tengo joyera particular! Yo le digo: “Criatura, mira qué pendientes me gustan” y ella se encarga de hacerlos realidad en plata. ¿En tu barrio saben si lo que llevas es joyería fina o plata de la más vistosa? Pues en el mío tampoco. Así es que estoy súper feliz. Y mi cuenta corriente aún más, sabiendo que los trabajos en plata no tienen el astronómico precio que los de oro y que a ojo son tan rebonitos… Eso sí, con la excusa de que resultan baratos ¡al final me he comprado dos! Unos preciosos y más festivos y otros más cortos para diario.

¿Sois de usar complementos, joyas y bisutería? ¿Lo hacíais antes de convertiros en madres y se quedó como una asignatura pendiente después de la maternidad?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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