iRobot Roomba 760. El aliado de una curvy mala ama de casa

roomba 760

Por un asuntillo de enfermedad familiar, el regalo de Reyes de esta casa llegó la semana pasada. Por eso y porque lo encargamos en Privalia, donde además de ahorrarnos más de 100 euros en el iRobot Roomba prometían la entrega antes de Navidad. Y tanto que no mentían con esta promesa, aunque casi me da un parraque al verme un lunes al repartidor con el paquete en casa cuando aún faltaban 3 semanas para que empezásemos con el turno de los regalos navideños. El Roomba va a ser este año el único regalo de Navidad familiar, incluyendo a la niña, que ahora tiene 2 años y huye de él porque cree que el robot la persigue, pero cuando sea adolescente ya le cogerá aprecio al ver que limpia de forma autónoma y que no delegamos en ella estas tediosas tareas. De cara a la manutención de este curvy cuerpo, no me queda claro si el Roomba es un cacharro curvy friendly o curvy hater, porque lo amamos por simplificarnos la vida pero a la vez nos quita una tarea que implica movimiento y salud, como es la de pasar la aspiradora o barrer con una escoba de las de toda la vida. ¿Qué no pensabas que la limpieza en casa fuera un antídoto contra él sedentarismo? Pues otro día te hablaré de eso porque con lo que cansa es para alucinar la de calorías que hay que invertir. Mi relación de amor con el Roomba empezó más bien siendo odio y renegando de él. No lo quise como regalo de bodas porque me parecía carísimo (unos 600 euros entonces) y no me transmitía nada de confianza. Pero el trabajo, la niña y el deseo de disfrutar de algo más de tiempo libre sin tener que dedicarlo a perseguir pelusas y bolas de pelo por la casa, creo que lo han convertido en el regalo estrella de estas navidades y en un dinero muy bien invertido.

Facilidad y silencio. Todo el mundo comenta que el Roomba es de ruidoso como una aspiradora. No sé qué modelo de aspiradora tendrá la gente pero yo llevo con mi Macarena, de marca blanca del supermercado y de 35 euros de coste, 7 tortuosos años de sonidos infernales. Cuando probé el Roomba y vi que no tenía que cerrar todas las puertas de la casa para que la niña pudiese jugar tranquilamente en el salón mientras el robot aspiraba por las habitaciones y los baños ¡ya di la compra por todo un éxito! Es facilísimo de usar porque tiene un botón de encender y apagar y ya no hace falta tocar nada más. Nuestro modelo es el iRobot Roomba 760. No es el último grito pero puede programarse de lunes a domingo para elegir el horario que te interese cada día y no tener que pulsar ni el botón para que arranque. Menos esfuerzo imposible. Por eso digo que para una curvy es una forma de hacer nuestra vida más sedentaria ¡pero nos da tiempo para salir a la calle y disfrutar de otras actividades al aire libre!

La confianza. El primer día de uso del Romba reconozco que lo fui siguiendo por la casa para ver si era una buena empleada doméstica o si iba escaqueándose por las esquinas. Es cierto que no tiene un patrón de limpieza claro y que parece que va dando tumbos de una habitación a otra, de una esquina a otra, y saltándose pelusas y suciedad más que evidente que se deja por el camino. Pero si se le da libertad, acaba pasando por todas partes y dejándolo todo impoluto. En el estreno, limpié medio piso, porque en la otra mitad estaba la niña resguardándose del miedo al robot. Tardó 2 horas en hacer el recorrido, porque para mi vergüenza pública diré que teníamos el suelo hecho unos zorros. De hecho, al día siguiente volvimos a repetir la operación en la misma zona y acabó el trabajo justo en la mitad de tiempo. Nuestro piso mide 90 metros y lo limpia estupendamente sin tener que parar para recargarse incluso ahora que tenemos puesta una alfombra de pelo medio en el salón, en la que echa el Roomba sus ratos más largos. Cuando acaba la faena, se vuelve solito a su base de carga y se rellena de energía para estar listo en la próxima jornada.

Limitaciones. Si vives en un palacio seguro que no será capaz de aspirar todo el suelo si detenerse. Pero para casas normales es un gran invento. Tiene barreras insalvables como los rincones por los que no cabe (entre el váter y él bidet, entre las camas y las mesitas de noche, detrás de las puertas o debajo del sofá) por lo que estos lugares habrá que seguir limpiándolos según el método tradicional. Su enemigo mortal son los cables, los cordones largos y el desorden. Si lo echamos a andar con los bloques de construcción y puzzles de la niña esparcidos por el suelo, el pobre Roomba no va a dar una a derechas. Sin embargo, me ha sorprendido que sea capaz de entrar y salir de debajo de la cuna y el cambiador. E incluso de nuestro mueble del salón que esta elevado sobre unas patas. Entre las sillas del comedor también circula, aunque choca muchas veces y tarda bastante en avanzar. También tiene mucha fuerza y puede cerrar las puertas sin querer y quedarse atrapado eternamente dentro de una habitación si no le ayudamos a salir. La gente dice que no choca contra muebles y paredes porque tiene sensores que lo detectan y esto no es cierto. Al menos mi modelo sí choca con todo, a velocidad reducida y sin grandes impactos, pero no hay superficie que se deje por golpear.

Extras. El modelo de Roomba 760 tiene mando a distancia ¡el colmo de la perrería! Y una pared virtual que sirve para delimitar espacios por los que no queremos que pase el robot de limpieza. Si colocamos este aparato, el Roomba entiende que es un muro imaginario y no lo traspasará. De momento no lo he usado para nada porque yo quiero que pase por cuantos más rincones mejor.

En Privalia, con gastos de envío incluidos, el iRobot Roomba 760 me ha costado 356 euros, aunque en Amazon se pueden encontrar buenas ofertas  sin tener que esperar a campañas específicas. No es un artículo barato, pero si la inversión sale bien y nos vive durante mucho tiempo, todo ese trabajo ahorrado en casa habrá merecido mucho la pena haberlo elegido como único regalo para estas navidades. ¿Habéis probado estos sistemas de aspiración u otros similares? ¿Invertiríais tanto dinero en un robot que os facilitase las tareas domésticas? Yo solo llevo con él unos pocos días y ya no me imagino la vida antes de tener a mi Roomba.

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

9 comentarios:

  1. Ya lo he comentado en algún otro blog, en un futuro (espero no muy lejano) y pillando una buena oferta, yo quiero hacerme con una Roomba sí o sí. Claro que no llega a todos los roncones, pero vamos que la pones un par de veces por semana a limpiar ella sola y con que un día vayamos por detrás retocando rincones ya está. O acaso manchan los ninnos tanto que hay que hacer una limpieza profunda más amenudo?

    • ¡Jajaja! Bueno, lo de lo que mancha cada niño da para una tesis doctoral. Porque los hay muy aficionados a trocear papelitos, otros que restriegan galletas everywhere, los que adoran los espejos y cristales. Pero lo que es el polvo, desde que tenemos niña la suciedad viene a ser más o menos la misma, y es aquí donde nos está haciendo apaño el Roomba. Me he negado a comprarlo durante muchos años, pero yo creo que al final he caído porque es un gustazo verlo trabajar mientras tú te dedicas a otras tareas. ¡Todo sea por ahorrar tiempo!

  2. Yo la tengo hace unos meses y es un gran invento. Yo la dejo puesta cuando me voy a trabajar y es verdad que a veces se queda encerrada en el baño, pero he aprendido a ponerle “trampas” para que circule libremente. Mi marido me dice eso de que hay días que está mucho rato y otros poco, y yo le digo que es porque pensará que está limpia la casa (mi suelo no se había limpiado tanto en la vida).
    Es una inversión cara (aunque la mía es la más baratilla, no se programa), a la larga es una comodidad.

    • Llevamos sólo un par de semanas con el Roomba y yo estoy feliz como hacía tiempo que no lo estaba con un cacharro. A mí se me ha quedado encerrada en el despacho, porque la puerta se cierra sola, así es que poniéndole un tope se ha solucionado. Y hoy mismo se ha vuelto loca quedándose parada por toda la casa cuando debería haber terminado ya de limpiar, pero ha sido porque mi marido le había desconectado la base y claro, no sabía a dónde volver. Por ahora estoy requete feliz con nuestro regalo familiar de navidad.

  3. Hola, estoy totalmente de acuerdo. Muy buena página, desde hace un tiempo os sigo. Besitos y hasta pronto!!

  4. Beatriz de Limpiezas Lucena

    Me ha gustado bastante,buen trabajo y un saludo desde Lucena.

  5. Yo tengo una Roomba desde mi paso por tierras norteñas. Ya hablé de ella en mi blog ^_^. Ahora estamos viviendo un momento agridulce porque tengo que repararla (se le han atascado los rodillos con tanto pelo de chucha) y estoy intercambiando correos con el servicio técnico (muy majos, pero me cuesta horrores estar tirada por los suelos con la barriga). El caso es que yo ADORO mi Roomba y no se como he podido estar tantos años sin ella. Eso si, a día de hoy invertiría en una programable.

    Los muros virtuales los acabarás utilizando para acotar espacios. Yo al principio no los utilizaba para nada y ahora es mi aliado perfecto (también confieso que en mi casa eliminé las puertas :p).

    Un abrazo 🙂

    • ¿Ves? La mía se puede programar porque en los modelos que estaban de oferta todos tenían esta característica, pero por ahora sólo le doy al botón y hala, que empiece a circular. He renegado mucho de ella, pero ahora la hemos acogido en casa con un entusiasmo fuera de lo normal. Y claro, como está recién llegada, ni me planteo la posibilidad de que se estropee, aunque me han dicho que las baterías y otros arreglillos puntuales suelen necesitar cada cierto tiempo.

      Como estoy en plena fiebre de estreno, no le pongo muro virtual porque quiero que pase por todas partes, y las puertas se las dejo todas abiertas para que no se me estanque en el recorrido. ¡La tengo explotadita!

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