¿Todas las gordas quieren adelgazar?

gordas quieren adelgazar

¡Qué dilema! ¿Eh? Me da la sensación de que hay un pensamiento excesivamente extendido por el que la mayoría de la gente cree que todas las gordas quieren adelgazar. Bueno, que queremos, porque yo estoy incluida en el cupo. Por supuesto, no por una cuestión de salud, sino por razones estéticas, porque una gorda nunca sera considerada tan guapa como si tuviera una gemela idéntica pero con 30 kilos menos. La delgada siempre parecerá mejor hecha a los ojos de la gente. Entiendo que esto es una cuestión cultural, una moda pasajera, igual que hace siglos se llevaban las gordas y la flacas eran asociadas con la pobreza y la malnutrición; que antes lo ideal era ser muy blanco de piel, señal de que te pasabas la vida en palacio sin dar un palo al agua, y ahora lo mejor es estar moreno todo el año, porque indica que tienes presupuesto para veranear incluso cuando no toca, o al menos para unas sesiones de rayos UVA que te pongan más colorida. En fin, que no sé yo si nos moriremos sin haber visto un cambio de paradigma estético, en el que las curvas vayan ganando terreno, o al menos igualándose a las figuras delgadas. En cualquier caso, esta es la época en la que nos ha tocado vivir, y como no podemos ir dando saltitos en el tiempo buscando una era mejor, me gustaría dejar claro que los que tenemos sobrepeso y obesidad podemos vivir perfectamente integrados en la sociedad actual, y que no es necesario que el resto de la gente se preocupe por nosotros en cuestiones como estas.

Las gordas no nos despertamos cada mañana pensando en la dieta. Bueno, alguna habrá, igual que también hay chicas delgadas y de peso normal que no acaban de verse nunca bien sobre la báscula. Pero también existimos las gordas a las que el peso, si es por una cuestión puramente superficial, ni fú ni fa. No me voy a pesar 3 veces al día para ver cómo evolucionan los gramos ni voy a caer en depresión porque sin poner nada de mi parte siga estancada con mis kilos. Lo raro sería que me levantara una mañana con solo la mitad de mi cuerpo. Ya he contado varias veces que personalmente, lo que me interesa en relación a la pérdida de peso es adquirir mejores hábitos alimenticios y huir del sedentarismo. O sea, tener una vida más sana, con independencia de que en el proceso se me caiga 1 kilo, se me caigan 10 o me quede como estoy. Lo que quiero decir es que no todas las gordas quieren adelgazar, y tienen otras inquietudes en la vida, y muchos otros pensamientos que no giran en torno a sus carnes.

Puedes ser feliz estando gorda. ¡Y tanto! ¿Cuántas infelices delgadas hay también? Es que la felicidad y el buen estado de ánimo no viene aparejado con el número de kilos. Tampoco es que sea 100% realista el tópico del gordito feliz, que en este lado oscuro de la obesidad y el sobrepeso, tenemos gordos graciosos y otros con muy mala leche. Pero es que las gordas tenemos vida más allá de la báscula. Nos levantamos, trabajamos, tenemos familias, amores y desamores, hobbies, inquietudes… ¡Como el resto del mundo! No nos pasamos cada segundo del día pensando en lo gordas que estamos. Quizás cuando nos levantamos por la mañana, cuando nos metemos en la ropa o el día que nos vemos una pésima imagen en el espejo, pero el resto del tiempo no somos conscientes de los kilos que llevamos a cuestas y hacemos una vida de lo más normal.

La belleza no está en tu peso. Por mucho que lo diga el mundo de la moda, de la publicidad, del famoseo y de todo lo que se considera divino y por encima de lo humano de cuanto conocemos hoy en día. Tu actitud, tu forma de ser, lo bien que te sientas contigo misma, lo que transmitas, la forma en la que impactas en la gente, lo que te mimes y te valores ¡todo eso calará más que tu peso!

Si no te gusta estar gorda ¡cambia! ¡Puff! A mí me da más pereza dejar de estarlo que seguir siéndolo, pero si de verdad crees que tu peso es la causa de todos tus problemas vitales ¿qué te impide hacer un intento por cambiarlo? En mi caso, estoy convencida de que una reducción de peso sólo serviría para mejorar mi salud de cara al futuro (actualmente no tengo ningún achaque) ¡que no es poca cosa! Pero no creo que tuviera más vida social, ni una familia diferente, ni una pareja distinta, ni que mi ritmo de vida se viese alterado sólo por pesar menos. Sin embargo, puedo entender que si tu cuerpo es la raíz de tu infelicidad, sí estás sugestionada por ese pensamiento popular acerca de que todas las gordas quieren adelgazar, tampoco pierdes nada por hacer un intento.

¿A vosotras os obsesiona la báscula? ¿Habéis aceptado vuestros kilos de buena gana o creéis que tienen la culpa de todo lo que no funciona en vuestras vidas?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

2 comentarios:

  1. Marisa Sepulveda

    Pues no, yo obsesion con la bascula ninguna, es mas, cuando hago dieta me niego a pesarme mas de una vez en semana. Digamos que a mi lo que me molesta es estar pensando en si debo comer esto, lo otro o si tengo que dejar de darme algun capricho con la comida, y no es que coma mal del todo, es que como empiece a pasarme de verdad engordo bastante y a mi edad, aunque tampoco tenga ningun achaque, creo que sea bueno. El tema de la ropa tambien me fastidia, no porque una curvy pueda lucir bien, sino porque es muy complicado encontrar ropa mona y que de verdad te siente bien. Lo que si me gustaria es poder hacer mas deporte (pierda peso o no) pero con el trabajo, la casa, la peque, el otro o la otra que viene en camino, que alguien me diga a que le puedo quitar horas…

    • Yo reconozco que a veces me tienta la idea de subirme a la báscula a deshoras, pero sí procuro no pesarme más de una vez a la semana para no estar agobiada ni pensar que sólo lo hago por el peso. y como dices ¡eso es lo peor! Que las tentaciones están por todas partes y a mí me cuesta muchísimo inclinarme hacia las opciones sanas y recordar que no es saludable comer esto, o aquello de más allá. Creo que justo cuando voy de compras es cuando más veces reniego de mi cuerpo por cuestiones estéticas. El resto del año suelo verme estupendamente, pero cuando pasas por escaparates y probadores y no logras que te cierre ningún modelo ¡eso afecta a cualquiera! Porque lo cierto es que no querría tener que salir desnuda a la calle. Y el deporte, excepto por lo de obligarme a ir andando a todas partes, también lo tengo bastante abandonado desde que fui mamá.

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