Gordas con ansiedad durante el coronavirus
Vida sana

Gordas con ansiedad durante el coronavirus. Retomando hábitos

He tenido momentos en los que he llegado a pensar que ya no pasaría más por aquí. Desde el cierre del blog por el inicio de la tragedia del coronavirus, mi vida, como la de todos, se derrumbó por completo. Nada grave si tenemos en cuenta que la salud nos ha acompañado a nosotros y a todo nuestro entorno, pero la calidad de vida ha empeorado tremendamente. El encierro de 24 horas al día durante los primeros meses, las rarezas de la nueva normalidad, el nuevo pánico por los rebrotes que no dejan de aflorar… La verdad, no es que me sintiera sin ganas de volver a escribir sobre mis cuestiones mundanas en este espacio: lo que no tenía era tiempo ¡ni temas! ¿Iba a hablar de ropa de primavera cuando estábamos confinados y no teníamos oportunidad de salir a lucirla? ¿De bañadores cuando muchas piscinas ni han abierto y las playas están bajo control policial? Igual me hubiera servido de terapia normalizar la situación y hacerme mucho la loca, pero no me salió así. Para colmo, mi buenísima senda de comida sana, pérdida de peso y de volumen se comenzó a truncar tras el primer mes de estado de alarma. Yo, que me había erigido en el paradigma de la fuerza de voluntad, la heroína del carro de la compra, la que era capaz de decir que no a todas las tentaciones, me vi arrastrada al grupo de gordas con ansiedad durante el coronavirus.

De la cima a la fosa en pocas semanas

Justo ahora hace un año que comencé con las nutricionistas de Corporis sanum a cambiar mi estilo de alimentación. El mío y el de toda mi familia. Desde el primer momento, fui feliz porque no costaba absolutamente nada seguir sus pautas: no pasaba hambre, comía en abundancia, solo que cambiando alimentos menos adecuados por kilos de fruta y verdura, los platos eran muy sabrosos, incluso cocinándolos yo, que no puedo ser peor entre fogones. En fin, que eso de que se necesitan 20 días para crear un hábito definitivo en tu vida en mi caso jamás ha sido cierto. Sin embargo, cuando pasaron las navidades y valoré los 4 meses superados con éxito, tuve claro que no había motivo para volver atrás: menor peso, mayor agilidad, mejor aspecto, mejor salud, mejor organización de la lista de la compra, ahorro de dinero evitando desperdiciar comida, etc. Por mucho que me gustaran las porqueriítas insanas, que me seguían gustando, ya no había motivo para volver atrás. Esta era mi idea en enero, cuando jamás me hubiera imaginado que pasaríamos por la situación vital que nos ha tocado vivir.

Primer mes de confinamiento superado con éxito

No salí de casa ni un minuto, ni una sola vez, porque el insecto palo fue el encargado de hacer la compra semanal o quincenal. Sin embargo, en su primera ida al supermercado con nuestra lista de alimentos no pudo conseguir algunos (legumbres, pasta, algunas verduras). No tenía por qué ser un drama, todos se pueden sustituir por alguna otra opción saludable y más ante una situación así. Sin embargo, psicológicamente aquello me afectó. Al desorden de vida que tenía en casa, con dos niños pequeños encerrados mientras ambos adultos teletrabajábamos a todas horas sin rendir lo suficiente, se unía ahora una pérdida de tiempo añadida porque mis menús tan bien planificados empezaban a cojear. Para terminar de rematar la situación, mi hija, que había aceptado muy dignamente meses de nuevos platos, empezó a renegar de la comida que de repente era un rollo y ella quería comer alguna vez hamburguesas salchichas, helados y por supuesto ¿dónde habían quedado las chucherías que comprábamos antes una vez a la semana? Olvidadas al no salir de paseo, claro. El primer mes de encierro incluso seguí perdiendo peso, pero al segundo empezó el disloque.

Gordas con ansiedad durante el coronavirus

Ya no por gordas porque ¿qué parte de la población ha padecido ansiedad durante esta pandemia? La mía ni siquiera estaba diagnosticada (estaba el médico como para acudir por cuestiones leves, vamos) pero aún siendo poca cosa y no minándome la moral, enseguida me di cuenta de que al introducir en casa esos pequeños antojos de los niños ¡el acabose! Todos, todos volvimos al picoteo de galletas entre horas (pobres niños, con la porquería de vida que están teniendo y por una galleta…), a tomar un helado después de la cena, a cambiar las verduras de la pasta por las salchichas que demandaba la niña (el tiempo me faltaba por todos lados, la paciencia también y no tenía ni pensamiento de hacer esas adaptaciones para unos y otros que hasta hacía pocos días no me costaban nada y ahora me parecían imposibles). Eso sin contar con el tema de la repostería, porque yo jamás elaboro postres, ni dulces ni nada más allá de un bizcocho básico de cumpleaños con 4 ingredientes escasos, pero claro, en las noticias todo el mundo estaba agotando la levadura ¿y por qué íbamos a ser los únicos martirizados doblemente? La situación tocó fondo cuando este hombre empezó a quejarse principalmente de lo poco que le apetecía el pescado ¡con lo entusiasta que había sido siempre con todos los platos! Y ahí sí que nos fuimos a pique porque lo que no me iba a permitir ya, además de todo el berenjenal que teníamos montado en casa por culpa del COVID-19, era tener que elaborar 2-3 menús distintos para cada comida. ¿El resultado? Pues entre inactividad física total y desorden alimentario 4 kilos de más en 4 meses. ¡Qué humillación!

El resurgir de los buenos hábitos

A la vuelta de nuestras vacaciones a mediados de agosto me subí a la báscula, me planté y tomé las riendas de la situación.  De acuerdo, ya habían pasado 5 meses desde el inicio de todo el drama del coronavirus y lo peor ¡la cosa iba para largo! Así es que mi duelo debía terminar ahí, porque de lo contrario ¿qué salud nos iba a esperar durante todo este tiempo? A mi marido y mi hijo no les ha afectado físicamente, pero tanto la niña como yo nos hemos visto trastornadas por los excesos. Ella, que no paraba quieta ni para sentarse a ver la tele, pasó de una actividad de 100 a 0 en pocos días. Por muchos vídeos de bailes y deportes que pusiera en YouTube, no tenía el mismo desgaste que en su vida diaria de colegio, de calle y de amigos. Lo que unido a todos esos caprichos inadecuados para comer por tal de que nos dejara trabajar un poquito, para que no se peleara con su hermano, para que no renegara de los deberes on line, para que hubiera un poco de felicidad en su vida… Sí, lo hicimos todo mal, pero es que nadie nos preparó para tremendo golpe contra la realidad.

Hoy me he decidido a volver porque, aunque sigo temiendo cómo será el futuro próximo, creo que a todo se acostumbra una y que me esforzaría para no tropezar con el tema de la alimentación ante una posible crisis similar. Por suerte, en las últimas 2 semanas he retomado mis menús saludables, mi lista de la compra ya no incluye inconveniencias ni para los niños, ni para nadie y al menos ya he bajado un kilo de los ganados, además de algún centímetro de contorno. Por eso he querido contar esta pésima experiencia durante el confinamiento, ya que supongo que habrá muchas más madres con ese sentimiento de culpa por haber perdido el control de muchas situaciones durante todas estas semanas tan anormales que hemos vivido.

En fin, como no sé qué nos deparará la vuelta al cole, los rebrotes, las nuevas medidas sanitarias, el mundo laboral, etc. no puedo prometer que mi presencia aquí vaya a ser semanal, pero seguro que la desaparición no volverá a ser tan larga. Para empezar ¡la semana que viene me tendréis otra vez de vuelta! ¿Queréis compartir alguna mala situación que os haya desequilibrado en algún aspecto durante la pandemia?

3 Comments

  • Nunu

    Me alegra tenerte de vuelta. Yo hice como tú, ceder en los caprichos (No sólo alimentarios) para que la situación no se hiciera tan insostenible. Y no me arrepiento para nada. Hemos tenido la suerte de poder disponer de algo con lo que disfrutar, que otra gente no puede decir lo mismo, eso sí son verdaderas tragedias. En fin, que no hay que martirizarse, ahora que empieza el cole volvemos a la rutina y esperemos que por mucho tiempo.

  • Mely

    Aquí una mama y esposa desesperada, en mi caso he cogido 15 kilos o mas, me despidieron por estar de baja, mi marido en cuarentena por positivo, yo lidiando con el despido, el malestar de mi marido, dos muertes cercanas y ya sabéis, en casa…. un niño preocupado por su padres y triste porque no ve a la familia una niña que no para y que solo quiere que estés pendiente de ella, la suerte, tengo patio….por la cabeza me pasa de todo cada día, y noto que o tengo o estoy entrando en depresión, las ganas de llorar no se van, pero también me planteo si es eso, o que ya no se que quiero, o es la desesperación. cada día me soporto menos, me miro y os juro que me doy asco, pero es que siempre asumí que era gorda, siempre he rondado los 100 kilos pero me gustaba el ejercicio, era flexible, y me veía hasta sexy…..pero desde que tuve a mis hijos, todo eso a cambiado, ahora todo es una bolsa colgando que me roza, me escuece, me molesta para moverme caminar incluso mear…. desde el confinamiento me duele cada día las caderas, los tobillos, los hombros, me cuesta respirar y mi forma física es horrible, si a eso le sumas que mi marido ni me mira, ni me toca ni me besa si no se lo pido….y la mayoría de las veces…ni aunque se lo pida. Pues eso….que puede que sea mi propia actitud…pero no ayuda mucho, vamos que me veo sola y con cero apoyo, porque el no esta dispuesto a dejar ni bollos ni nada, dice que no los coma y ya esta…y nos es tan fácil…. estoy completamente sola en esto….mi esperanza…la única que tengo y me da pánico que quede en nada….es que el nuevo endocrino me ayude, y me hagan el baypàs gástrico, o de verdad me motive para poder perder mi peso…y no me refiero solo a los kilos….
    Gracias por tus lineas, y deseando volver a leerte.
    Mely

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