Gorda y runner (VII) Mis progresos

Gorda y runner mis progresos

Igual os va a parecer increíble, pero sí, pese al parón veraniego, pese a los primeros dolores, pese a que me paso más rato eligiendo cosas de running que comprar antes que saliendo a pisar las calles ¡creo que he progresado algo! A lo de gorda y runner creo que debería cambiarle definitivamente el nombre por lo de gorda y caminer, porque lo cierto es que correr no corro ni un metro. Hice 3 intentos en los que respiratoriamente me sentía con aguante pero las rodillas me mandaron parar a los pocos minutos. Y claro, con el miedo que tenemos las madres a enfermar, a necesitar reposo y a cualquier obstáculo que se interponga en la crianza de nuestros hijos, pues se acabó el correr hasta nueva orden. Sin embargo, sólo con salir a andar lo más deprisa que pueda, me noto diferente. Así es que sí, tengo algunos progresos en mi condición física, pese a que lo de correr de verdad aún lo vea muy lejano o incluso imposible. Porque oye, es quererte echar a la carrera y que salten las alarmas sobre tu exceso de peso, tu incapacidad, las posibles lesiones, tu avanzada edad (señor, lo que hay que escuchar) y todo el mundo, que tampoco camina, empiece a alabar las bondades de la media horita diaria de paseo a buen ritmo.

Caminar deprisa y tener las pulsaciones más bajas

¡Viva mi corazón! Este es uno de los beneficios para la salud que he notado más rápidamente. Pasar de casi 100 pulsaciones por minuto estando en reposo a unas 70 ¡solo por andar! También ha bajado la frecuencia cuando voy a mi mayor ritmo posible. Pensad que hace pocos meses, simplemente caminando deprisa, me ponía en más de 170 pulsaciones con facilidad. Ahora, para llegar a 140 debo ir a un paso tan rápido que casi parezca que en la siguiente zancada echaría a correr. Correr no corro, ya lo he dejado claro, así es que por ahora no tengo manera de superar esas pulsaciones sólo con caminatas ligeras. También he notado que voy perdiendo peso, me he animado a comer mejor y claro, todo está relacionado.

La capacidad pulmonar y el menor riesgo de asfixia

Tiene relación con las pulsaciones, pero es cierto que en enero, cuando empecé con todo este proyecto de ser gorda y runner, pensaba que sería incapaz de correr porque era incapaz de respirar. Curiosamente, esto mejoró muchísimo con los primeros entrenamientos, de ahí que me envalentonara al notar que ya no me asfixiaba y quisiera salir trotando. A baja velocidad, pero trotando. Las rodillas no opinaron lo mismo que mis pulmones, así es que por ahora sigo caminando deprisísima, sin correr pero sin asfixiarme. Esto es algo que se agradece mucho, no solo a la hora de salir a hacer deporte, sino también al ir tras los niños por la calle, o poder hablar por el móvil en marcha sin que parezca que te han quitado la conexión a la bombona de oxígeno.

Andar sí que puedes hacerlo en cualquier sitio ¡hazlo!

Uno de los motivos por los que tuve que dejar el zumba y las clases dirigidas del gimnasio, fue porque debido a la falta de tiempo sólo en ir y volver del centro deportivo ya invertía la hora escasa que conseguía sacar para hacer algo de deporte. La ruta que me busqué para correr desde la puerta de casa, me permitía ir andando ligero hasta una zona más despejada en la que empezar a correr de verdad. Ahora, puedo salir a paso rápido desde la puerta e ir cada vez más rápido en mucha menos distancia, porque los peatones que caminan a paso normal no te molestan tanto si sólo andas deprisa que si quieres correr. Además, siempre he sido una persona muy, muy puntual, pero me estoy obligando a salir más justa de tiempo a todas las citas, de forma que deba esforzarme caminando más rápido para cumplir mi objetivo de no llegar tarde. En este aspecto ¡los niños me colaboran mucho!

Cero dolores y mucha fuerza

Le voy a tener que dar la razón a quienes despotrican acerca del ser gorda y runner porque esto frenaba mis progresos. Que si hoy me duele la cadera, que si hoy un tobillo, que si mañana la rodilla, que si agujetas que me impiden caminar con normalidad, que si serán las zapatillas poco adecuadas, que si se tiene que alinear el universo entero para que una gorda corra sin dolores… Al final, caminando rápido he evitado todos estos percances. Ni un dolor, ni una molestia, ni una queja. Ya sé que el desgaste físico no es igual, que no voy a quemar las mismas calorías y que los músculos trabajan con menor intensidad, pero a día de hoy es que no es viable que vaya corriendo por el mundo, así es que ¡no pasa nada! Andemos todo lo que podamos y vivamos sin agobios.

La cabeza también despejada y relajada

¡Un lujazo! Cuando leía libros para iniciarme en el running, casi todos los autores hacían mucho hincapié en los beneficios psicológicos de este o de cualquier otro deporte. Y es cierto: dedicarme un rato a mí misma, estar sola, concentrada en lo que hago, con mi música o audio books, saber que no tengo nada más que hacer que llegar deprisa a mi objetivo y volver a casa, centrarme en la respiración, ver el paisaje, mirar a otras personas, salir de casa, pensar en lo que me dé la gana sin interrupciones… Eso no servirá para bajar de peso ni para fortalecer músculos, pero me hace desear que llegue la siguiente “hora libre” para volver a vivir todas estas sensaciones.

Así es que pese al cambio de rumbo de los entrenamientos ¡sigo adelante! Me adapto a lo que mi cuerpo puede dar de sí en la actualidad y no me frustro por no estar corriendo esos famosos 10 kilómetros que esos libros prometían. ¿Tú hubieras echado por tierra todo el plan al sentirte incapaz de lograr tu primera meta? ¿O también la hubieras reformulado para seguir activa pero de otra manera?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

Un comentario:

  1. Me siento muy identificada contigo! Por temas médicos he estado poco activa durante un par de años, y de momento he decidido salir a andar cada día para volver a poner el cuerpo en marcha. Y esa hora es sólo para mí: sin móvil y sin mi bichito de dos años y medio. En un par de semanas ya me siento más fuerte físicamente, y la cabeza se despeja q es un lujo.

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