Gorda sin problemas para quedarme embarazada

gorda sin problemas para quedarme embarazada

Antes de ser madre por primera vez, me preocupaban algunas cuestiones relativas al desafío de tener hijos, a los cambios en la vida diaria, e incluso a los kilos que ganaría, además de las inquietudes propias acerca de que todo salga bien, que el bebé esté sano, que el parto no duela tanto como todo el mundo me contaba y que la recuperación no fuera una tortura insoportable. Médicamente, el sobrepeso y la obesidad no ayudan en nada a la hora de querer tener hijos, y no seré yo quien venga a defender lo contrario a lo que dicen los expertos. Pero como gorda sin problemas para quedarme embarazada, para parir dignamente, para recuperarme a la velocidad de la luz y con hijos sanos, sí creo que muchas veces se exageran los posibles obstáculos que podemos tener en nuestro camino hacia la maternidad. Parece que sólo vean nuestros kilos de más y que el resto no importe. Que vas al médico y si confesases allí mismo que te alcoholizas a diario, que fumas como si no hubiera un mañana y consumes sustancias ilegales que te alegran la perspectiva de la vida, les daría lo mismo. Porque tú estás gorda y solo por eso ya tienes todos los puntos negativos del mundo para procrear. De hecho, desde que tengo blog, como me defino como plus size, entrada en la obesidad, con muchos kilos de más, hay quienes me escriben por privado buscando un rayo de esperanza en su fertilidad. No puedo opinar sobre todos los cuerpos, ni sé cómo será la maternidad ni las posibilidades de concebir del resto de curvy compañeras del universo, pero sí me gustaría hacer un resumen de mi caso, porque ya sea por mera suerte, o porque en realidad esto ser una gorda sin problemas para quedarme embarazada sea más frecuente de lo que se reconozca públicamente, el caso es que a mí no me ha ido nada mal en la maternidad.

Me he quedado embrazada en plazos de tiempo normales. La primera vez con 31 años, al quinto mes de intentos y la segunda, con 33 al cuarto (y creedme, con un solo contacto sexual durante el periodo fértil, porque con la niña en plena edad de rabietas no nos daba la vida para tener ganas de más). Mi matrona nunca vio problemas para que no lo lográsemos en ese plazo razonable de 1 año que se suele dar a las parejas sanas y corrientes. Y así ha ocurrido ambas veces.

Mis embarazos han sido normales. De hecho, el primero acabó en la semana 41+5 con una inducción porque la niña, a pesar de ser grande, se negaba a salir, y el segundo en un parto prematuro a las 35+3, pero que nada tuvo que ver con mi peso. Según el informe ginecológico, fue una rotura prematura de las membranas y nada más. Lo que te puede pasar con 130 kilos y con 60 también. Nunca he tenido embarazos de riesgo, ni he tenido enfermedades que se suelen relacionan con el exceso de peso como la diabetes gestacional, la preclampsia, riesgo de aborto, bebés excesivamente grandes o partos prematuros por los kilos de la madre. Mis partos tampoco han sido más largos, ni han acabado en cesárea, como se presupone a las futuras madres gordas. El de la niña duró 6,5 horas y el del niño 5 horas escasas. Nada de vivir el parto de la burra de 2 y 3 días.

Mis recuperaciones han sido exprés. Sinceramente, no me he dado cuenta de ellas. En el primer postparto, tenía 2 puntos internos y 2 externos, y me sentaba con todo el cuidado del mundo, porque no tenía ningún dolor, pero como había oído historias catastróficas de los bajos ajenos, me esmeraba todo lo que podía en seguir permaneciendo intacta. Aún así, en cuanto me dieron el alta y llegué a casa, me puse a poner lavadoras y hacer cenas. Ni un paracetamol tuve que tomar para ningún tipo de dolor. El segundo postparto, fue aún más fácil. El niño fue más pequeño, escapé del paritorio sin un solo punto y ya en el propio hospital rechacé las dosis de ibuprofeno y paracetamol que te ofrecen de forma alterna para superar las molestias. Es que a mí no me dolía nada de nada ¿para qué iba a hacer gasto de medicamentos a la Seguridad Social? Y un puntazo que no suelen vivir las delgadas ¡con mi primer embarazo perdí 11 kilos y con el segundo engordé sólo 400 gramos oigan!

Desventajas que sí he vivido por ser una embarazada gorda. En muchas ecografías, no en todas, sí me han dicho que la grasa abdominal dificultaba la prueba. Esto sí es importante, ya que aunque nosotras sólo pensemos en ver al bebé que se mueve y en su posible sexo, estas ecografías son muy útiles para detectar anomalías, con lo cual, a peor visibilidad, resultados menos fiables. En mi primer parto, la anestesia epidural no hizo efecto a causa de mis kilos. La grasa en la zona del pinchazo impidió colocar bien el catéter y no sentí nada de alivio por más dosis que liberaban. Sin embargo, en el segundo parto, pesando yo 4 kilos más y sin aspiraciones respecto a la anestesia ¡esta funcionó divinamente! Una pena que cuando acabaron de ponerla ya estuviera completamente dilatada. Lo que me lleva a pensar que hay anestesistas mejores y peores (como en todos los oficios del mundo) y profesionales que ya te ponen la cruz de gorda desde el primer minuto y te abandonan a tu suerte sin esmerarse un poco más.

Personalmente, nunca me planteé la posibilidad de adelgazar antes de ser madre, y después de mi experiencia, entiendo todos estos riesgos que conllevan la obesidad y el sobrepeso, pero por azar, por genética o porque realmente el futuro de las madres gordas no es tan negro como a veces nos lo pintan, no creo que sea imprescindible para poder gestar y parir de forma saludable. ¿Qué experiencias habéis tenido vosotras? ¿Os costó quedaros embarazas y pensasteis que los responsables era los kilos de más? ¿Habéis sido mamás con sobrepeso y no habéis vivido ninguna de estas catástrofes que nos vaticinan?




Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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