gorda para insultar
Piensa en curvy

Cuando tu hijo te califica de gorda para insultar

Hace unos años ya (¡cómo pasa el tiempo!) os contaba que mi hija no me veía gorda pese a estarlo más que ahora. A ella le hacía gracia que mamá tuviera panchota (según su vocabulario), tetas (fue lactante durante mucho tiempo) y carnes por todas partes en las que acomodarse y de sobra. Porque otra cosa no, pero estos hijos míos parece que no sean capaces de conocer sin tocar.  Entendía perfectamente cuándo una persona estaba pasada de peso, pero una cosa era el resto de la gente y otra su propia madre. Bien, pues no sé en qué momento se le cayó a la niña la venda de los ojos y de un adjetivo que al principio no hacía más que definir el tamaño corporal de otras personas, pasó a utilizar el calificativo de gorda para insultar, molestar e incordiar al personal. A mí la primera, por supuesto, pero ha ido a pinchar en hueso porque por mucho que lo intente es una palabra que no me hace ningún daño. Sin embargo, me veo en la obligación de tomar cartas en el asunto, puesto que una cosa es mi pasotismo personal respecto a su intento de afrenta y otra el daño que puede hacer por ahí si se acostumbra a usar la palabra gorda para insultar a diestro y siniestro.

Mamá, pero es que tú sí estás gorda

Y yo no lo niego, solo faltaría, si soy la primera que se ve en el espejo por la mañana y la última por la noche, pese a que a veces bromeo con que me veo estupenda con mi fatorexia. La verdad es que no lo dice con mala leche, por ejemplo en medio de una pelea o queriendo ser hiriente, pero empieza por decirte que una camiseta te está demasiado ajustada, que tú estás gorda y no puedes ponerte esa ropa, para empezar a indagar en los motivos de tu obesidad, porque si comes sano ¿por qué estás gorda, mamá? ¿Cuándo te pusiste así de gorda? Porque la abuela me ha dicho que cuando eras pequeña estabas más delgada que yo. ¿Fue en el instituto? ¿Solo te creció la panchota? Porque de lo demás no estás tan gorda, pero de la panchota y del culo sí. ¿Eh, mamá? ¿Por qué? ¿Por qué? Y pese a llevar más de media vida siendo gorda, no creáis que tengo muy claros qué argumentos ofrecerle para que deje de usar esta palabra y las características corporales de cada persona para buscar jarana.

¿Cómo lograr que tu hijo deje de usar la palabra gorda para insultar?

Pues difícil lo tenemos viendo la tremenda influencia que reciben de puertas para afuera. Ya nos pasó con el tema del sexismo y los juguetes, de que no existen colores de chicos y de chicas, ni juegos de niños y de niñas, que los hombres no tienen más destrezas que nosotras en casi todo… Fue llegar al colegio, a socializar, y tras 3 años de aprendizaje en casa fue como si no le hubiera calado ningún mensaje. A las pocas semanas ya volvió diciendo que el rosa era de niñas, que no se podía disfrazar de un personaje de fantasía porque él era un chico y ella no y así con decenas de cuestiones en las que hemos fracasado por completo. Y la culpa no es de los maestros, eso por descontado ¡pero esos patios con niños ajenos los carga el diablo! Además, es que si intentas dejarle claro que quien se equivoca es quien hace esas distinciones de género, o quién trata de ridiculizar el peso ajeno, te mira como si fueras una enajenada que está tratando de liarla con argumentos sin fundamentos. Parece no aceptar los razonamientos de que se puede tener sobrepeso u obesidad por malos hábitos alimenticios, por enfermedades, por sedentarismo y que ella no está en este mundo para juzgar el físico de nadie, igual que a ella no le hace ninguna gracia que le pongan falta al suyo. ¡Qué nos quedará que pasar! Porque por lo visto en esta familia, por más que los padres repitamos un mensaje, la niña hace más caso a lo que oye en el colegio y en la calle.

Y si llega a insultar a una persona desconocida

Porque para mí no es un insulto, pero hay gente que este asunto lo lleva muy mal. Y además ¡es que no debería usar esa palabra nunca con ese fin! Eso sin tener en cuenta que es que no debería intentar faltarle el respeto a nadie, ni con gracia infantil ni con nada. Es cierto que por el momento solo lo usa conmigo, con las abuelas y para de contar. No arremete contra la gordura por la calle, ni siquiera con personas de la televisión. Por un lado, pienso que es consciente de que no debe decir estas cosas fuera del entorno de confianza, lo cual indica que algo sí que le ha hecho mella el mensaje. Pero por otro, a veces salgo con el corazón en vilo por si nos cruzamos con alguien grandote por la calle y lo lanza así, a lo loco contra un desconocido. Un día, nos topamos con un señor impresionante, tanto a lo alto como a lo ancho, y ella se giró en redondo, lo siguió con la mirada hasta que lo perdió de vista y después me dijo por lo bajini: “Mamá ¿has visto qué señor tan gordo?”. Bueno, el pensamiento y las opiniones son libres, y ahí no puedo intervenir, pero al menos ese día tuvo la decencia de no gritarlo a los cuatro vientos.

¿Has tenido alguna experiencia similar que enfrente a gordos con niños pequeños? ¿Qué técnicas has usado para que la educación triunfe y nadie salga mal parado?

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