Una gorda en un asiento público ¡qué incómodo!

gorda en un asiento público

Estar gorda en un asiento público de tren, bus, o avión puede ser toda una aventura. Hace un par de semanas iba al aeropuerto en el tren de cercanías, cómodamente sentada en el primer vagón, tras la puerta del maquinista, cuando este detuvo el tren en medio de la vía, salió de su compartimento y dijo que no arrancaría hasta que algún miembro de la juventud allí presente cediera su asiento a un señor mayor, que viajaba del todo inestable y cogido a un cabecero. La verdad, me sentí mal por no haberme dado ni cuenta, pero cuando el hombre se sentó a mi lado y valore la hora y cinco minutos de trayecto que yo tenía por delante, con mi preñez de 20 semanas y la posibilidad de tener que pasar todo ese tiempo de pie casi sin moverme del sitio, me desanimé para cedérselo. Egoísmo puro y duro, lo sé, pero allí había quinceañeros recién levantados y en mejor estado físico para hacerlo. Aunque de lo que quiero hablar más concretamente no es de la falta de modales y de empatía de la gente en el transporte respecto a otras personas con necesidades evidentes, sino de lo que es ser gorda en un asiento público, de las miradas, de los extra costes, de la incomodidad…

El asiento de autobús. En mi caso, debo reconocer que los autobuses interurbanos suele tener asientos cómodos mullidos y con un brazo que te separa del vecino. Parece una tontería, pero ahí esta ese artefacto delimitando tu espacio natural, por lo que mientras no lo rebases la gente no te pone pegas. Pero en los buses urbanos, ente los pocos asientos que hay para dar cabida a un número mayor de viajeros que van de pie, los reservados para embarazadas, ancianos y personas con problemas de movilidad, las sillas de ruedas, los padres que viajan con carritos de bebés… los asientos son pocos ¡y muy estrechos! Si me siento completamente erguida, casi como si quisiera ocupar solo los milímetros necesarios de espacio, a mí se me sale un trozo de culo y de pierna que invade el asiento colindante. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Ocupar los dos con todo el morro? ¿Viajar de pie para que dos puedan viajar sentados y más holgados? La mayoría de las veces, otra persona se sienta a mi lado y no hay problemas, pero en más de una ocasión he topado con gente que empieza a chocar contra mí indiscriminadamente, que bufa, que se revuelve en su siento, como si quisieran hacerse hueco empujándome y haciéndose los ofendidos. ¡Venga hombre! ¡Que yo me senté primero!

Las ventajas del tren. Cuando remodelan vagones en los cercanías (en el AVE y demás grandes líneas no noto estos problemas) tengo sensaciones encontradas. O yo estoy cada vez más gorda (cosa que no niego) o los asientos los diseñan cada vez más estrechos, a imagen y semejanza de los de los autobuses urbanos. Como gorda en un asiento público, cada vez voy más constreñida. Si el trayecto es corto, mantengo el tipo prácticamente sin moverme de mi posición original para no contactar con el de al lado, pero si el viaje va para largo, yo también tengo mis necesidades de estirar las piernas, cambiar de postura, meter y sacar cosas de mi bolso… Vamos, lo que viene siendo hacer vida normal en un tren.

El avión para sílfides y bajitos. Con todos mis respetos, pero el avión, que encima es el transporte más caro que pagamos, tiene unos asientos que son un cachondeo. Ahí ya no viaja cómodamente casi nadie. Los gordos porque sobresalimos de nuestros dominios y porque dependiendo del bulto que hagamos nos van a exigir que paguemos un billete extra para poder poner nuestras carnes lejos de otros pasajeros. Y los altos porque las piernas debes replegarlas sobre ti mismo para poder encajar. Si encima eres gorda y moderadamente alta ¡a ver cómo te las ingenias para llegar a tu destino sin haber perdido la circulación de las piernas ni la respiración por el cinturón. Actualmente, antes del embarazo, en los aviones yo necesito poner el cinturón en su longitud máxima para que me dé la vuelta. No me sobra ni un trocito. A poco que engorde no me lo podré abrochar ¿y qué pasará entonces? ¿Me dejarán viajar cómoda e insegura sin atar? ¿Me van a cobrar por más centímetros de cuerda? ¿O por el peso? El día menos pensado me quedo sin vacaciones.

Por otro lado, como gorda en un asiento público, reconozco haber abusado de mi suerte y de la gente entrometida que me ha tomado por embarazada cuando no lo estaba. Pobres buenas personas, que me han cedido su asiento y se han preocupado por mi bienestar, y a quienes yo he engañado vilmente haciéndome la preñada, en parte para vengarme de esas otras miradas de desaprobación por mi tamaño que recibo otras veces y en parte para no hacerles sentir mal por su metedura de pata. ¿Vosotras habéis vivido situaciones similares en el transporte público? ¿Se os ocurren buenas soluciones para mejorar el panorama actual?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

4 comentarios:

  1. Marisa Sepulveda

    Pues yo la verdad es que nunca he tenido grandes problemas viajando en transporte publico, siempre te encuentras el maleducado o maleducada pero ese es su problema y no el tuyo. A mi no me gusta sentarme en el pasillo del bus publico porque por respeto tiendes a dejar una pierna fuera pero sino hay otro asiento libre no puedes hacer otra cosa y lo mismo encuentras piernas, brazos, bolsos, mochilas, etc. de otros. En el avion tampoco tengo muchos problemas y eso que viajo con la peque encima, y en el ultimo vuelo que hice ademas con la barriga del segundo embarazo, acabas molida pero supongo que eso nos pasa a todos y es mas bien por la falta de movilidad, yo he hecho viajes lo largos en asientos mas grandes y he acabado igual. A mi lo que me fastidia es la gente maleducada que se cuela, que no respeta a los demas o la gente que realmente puede ceder un asiento y que no lo hace. Aqui en Dublin tambien la falta de puntualidad, que el conductor te eche del bus cuando acabe su turno y que solo te dejen capacidad para un carrito desplegado o silla de ruedas pero eso ya son otras historias….

    • Es cierto que estrechuras hay para los gordos y para la gente de peso normal. Y cuando te desplazas con niños, con maletas de viaje, carritos, etc. Eso ya es el acabose tengas la talla que tengas. Desde luego, dente maleducada en todos los sentidos la hay en relación a otros temas. Quizás con una mijita más de espacio se acababan estas miradas tan incordiosas. Además, veo que en el extranjero también tenéis otro tipo de problemas con el transporte ¡vaya tea polémico he ido a sacar!

  2. Llevas toda la razon , en el metro de Madrid menudos asientos hay como tu dices te sientas toda derecha como un palo para meterte lo menos posible en el de al lado , trato que mi marido o mi mi hija se sienten a mi lado pero claro eso es casi imposible

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