¿Por qué engordamos en navidad? Yo la primera ¡pero no tanto!

por qué engordamos en navidad

Dicen esos estudios que lanzan los medios de comunicación justo antes de los atracones de fin de año, que los españoles somos gente de bien que engordamos en navidad con la familia. Una media de entre 2 y 5 kilos (madre del amor hermoso). Yo he engordado, para que se me considere patriota como a la que más, pero sólo 1 kilo. Podría estar saltando en una pata de felicidad, porque pocas privaciones he tenido, pero entonces el insecto palo se subió a la báscula y había perdido 1,2 kilos durante el mismo periodo. Impresionante. Ya no me pilla de nuevas, porque suele perder en torno a 2 kilos con las fechas navideñas y no lo entiendo: bebe alcohol, que yo no bebo, come de todo sin cortarse, se pone para reventar, no ha cogido ni gastroenteritis ni ningún mal que le hiciera desalojar peso del cuerpo a marchas forzadas. Y ahí está, iniciando la cuesta de enero con un tipín mejor del que tenía cuando acabó el año. Debe ser cuestión genética y la mía desde luego es bien desagradecida. Aún así, mi kilo de más no me pesa y confío ciegamente en que se irá a lo largo de estos días, cuando vuelvan a desaparecer de nuestra casa los dulces navideños, los chocolates y chucherías varias y volvamos a hacer comidas con raciones moderadas y de cosas menos calóricas y pesadas. Sí, he engordado, pero me parece que no ha sido mucho, y sin haber ejercido la moderación al sentarme a la mesa, creo que estos factores han influido mucho para quedarme por debajo de la media de engorde estatal..

Tener hijos que alimentar. Perseguir a la niña para que no se distraiga con las aglomeraciones familiares, ni con los juguetes y que coma, a la vez que alimentar al bebé. Esto hace que los platos para compartir se vayan vaciando mientras tú estás a otras cosas. Cuando te has liberado y puedes meter mano, las cantidades a tu alcance se han reducido, e incluso algunas de las cosas que te gustaban han desaparecido. Así es que sin habértelo propuesto te has quedado sin tentaciones. Otra cuestión es que yo en público tiendo a engullir menos, para que no me encasillen como gorda glotona que parece haber hecho ayuno previo a la fiesta para darse el banquetazo.

Las comidas que no me gustan. Esto es de perogrullo, pero lógicamente, si algo no me gusta, no me lo como. Además, en navidad suele haber tanto entre lo que elegir en cada mesa festiva, que nadie se va a ofender si declino probar ciertos platos. Como el curvy gusto me lleva por los peores senderos, suelo rechazar las comidas más sanas y lanzarme a por las más gustosas y que no tengo al alcance de la mano durante todo el año. Pero bueno ¡al menos reduzco de algún sitio!

Los postres. Todos muy azucarados ¡con lo necesitados que estamos en casa de cosas con azúcar desde que empezamos a eliminarlo de nuestra dieta habitual! Sin embargo, he de decir que estas navidades hemos tenido pocos postres espectaculares. Sí turrones, mantecados, bombones, pero entre que no soy muy fan de los productos navideños y que las marcas que habían no me solían gustar, resulta que me reservaba hueco en la comida para llegar con ganas a esta parte de las celebraciones y al final, me quedaba casi sin nada que llevarme a la boca. ¡Ya no me volverá a pasar!

Las pocas ganas de cocinar en casa. De verdad, entre comidas y cenas familiares, los pocos ratos que hemos estado en casa hemos optado por comidas tan sencillas y poco elaboradas que creo que han servido para contrarrestar los excesos del resto de platos. Desde luego ¡qué útil es ser mala cocinera para no hacer nada y preferir no comer a estar entre fogones!

Actividad física justita. No hemos hecho grandes ejercicios, sólo ir andando de una casa a otra, de una tienda a otra, de una actividad a otra… Lo normal cuando tienes niños que sacar a pasear a diario. Un par de sesiones de baile intenso con el Just Dance de la Wii con mi sobrina ¡y para de contar! Ni caminatas eternas, ni deportes familiares, ni ninguna maniobra que pudiese acelerar la quema de las calorías extras.

Vamos, que empiezo a pensar que me hago mayor y ya mismo seré de esas señoras que dicen que no tienen hambre, o que no les apetece cualquier cosa rica que les pongas por delante. ¿Os ha pasado lo mismo? ¿Habéis sido capaces de subir a la báscula tras la navidad? ¿O mejor esperamos ya a que llegue febrero y la cuesta inicie su descenso?




Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

Un comentario:

  1. La mayoría de comidas fastuosas de Navidad no me gustan a excepción de la escudella en sopa con galets. Los dulces navideños no me van. Y cuando veo mucha gente y mucha comida se me pasa el hambre…Así que no he cogido nada…pero a base de cerrar el pico😂 He de decir que me encanta el jamón y a eso sí me puse ciega.

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