Curvy por genética familiar ¿excusa o realidad?

curvy por genética familiar

Llevo unas semanas hablando de nutrición infantil en mi otro blog a raíz de un blogtrip organizado por la marca de leche Puleva al que he acudido por segundo año consecutivo. Son encuentros de lo más interesantes, porque nos ponen en contacto de forma directa con pediatras y expertos en nutrición infantil y general, a quienes podemos avasallar con preguntas acerca de cualquier preocupación que nos cruce por la mente en relación a nuestros hijos y sus hábitos alimenticios. Pero más allá de esta valiosa información para la crianza de los niños, reconozco que a título personal de curvy adulta he aprendido una cantidad de cosas que desconocía por completo. Este año, nos han asesorado 3 profesionales, el profesor de la Universidad de Granada y Catedrático del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular II del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos del Centro de Investigación Biomédica y Presidente de la Fundación Iberoamericana de Nutrición, Ángel Gil, y los doctores José Maldonado Lozano (Profesor Titular del Departamento de Pediatría de la Facultad de Medicina en la Universidad de Granada) y Víctor Manuel Navas López (responsable de la Unidad de Gastroenterología y Nutrición Infantil en el Hospital Materno Infantil de Málaga y miembro del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría. Os pongo los cargos y los méritos para que veáis que no me voy a inventar el par de cosas sorprendentes que voy a relatar a continuación.

blogtrip puleva infantil

Los expertos

1. Obesidad con causa genética. No se trata de que ahora todas nos escudemos en este argumento para defender que nuestro curvy cuerpo es así por genética familiar. De hecho, en mi caso no puedo acogerme a esta defensa, porque ya os conté anteriormente que en mi familia la más gorda soy yo, el resto han ido engordando un poco con los años, mi hermano siempre ha mantenido el tipo y mi hija no apunta maneras de gorda. Pero resulta que sí que existe un tipo de obesidad, que no es el más frecuente, y que fastidia infinitamente a quien lo padece, porque por mucha dieta sana que haga y mucho deporte que practique, y por excelentes que sean sus hábitos diarios, estas criaturas no lograrán bajar de peso con facilidad, y en algunos casos no lo lograrán nunca. Por lo que ojito con esa alegría con la que nos gusta tachar a la gente de gorda y dejada en sus costumbres cuando no tenemos ni idea de si puede haber un problema médico detrás.

2. Colesterol con factor hereditario. Esto lo aprendí a raíz de que una mamá de peso normalísimo, con unas hijas de peso también normal, acabara de descubrir espantada que una de las pequeñas tenía colesterol. No daba crédito porque la niña come de todo, variado, en casa tienen la misma dieta y ningún miembro más está afectado por el colesterol. Claro, la mujer no sabía qué hacer para controlar esos niveles. Aquí es donde surgió el tema de que el colesterol, más allá del que nosotros introducimos en nuestro cuerpo a través de los alimentos, y que es el que podemos reducir y controlar, es generado por nuestro propio organismo en un 80%. Y no es algo malo, puesto que nuestro cuerpo necesita el colesterol para estar en funcionamiento, pero hay personas con tendencia a generar por sí mismas un exceso de colesterol, y es este tipo el que tiene un importante factor hereditario (los abuelos de la niña lo tenían alto, los tíos también) que es dificilísimo rebajar a niveles más saludables. Y esto afecta tanto a gente curvy como a personas delgadas y de todo tipo de constitución.

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Yo, la curvy, tuiteando todo lo que iba descubriendo en el #blogtrippulevainfantil

3. La clave para una alimentación perfecta. Algo que me sorprendió de estos expertos en nutrición es que no demonizaban ningún alimento. Absolutamente ninguno. Ni el chocolate, ni el bacon, ni la bollería industrial (como se enteren los de la OMS les quitan todos los títulos). Ojo, no es que ensalzasen y fomentasen sus consumo, sino que trataban de tranquilizarnos para ser capaces de seguir unas pautas saludables de alimentación sin sufrir estrés, ni cansarnos de la vida sana, ni tener pánico a llevarnos a la boca un alimento “prohibido”. Para lograr este objetivo, nos dieron un consejo muy sencillo pero que me pareció muy esclarecedor: no pensar en los alimentos y sus propiedades por separado sino insertados en la dieta que hemos hecho a lo largo de todo el día. Los ejemplos nos los ponían con los niños, pero esto vale igual para los adultos. Si a ti te gusta la leche con cacao para desayunar, o te comes un flan de postre, o una magdalena para la merienda, o un helado un día de fiesta, no hay que hacerse luego el harakiri movidos por nuestro sentimiento de culpa. Si el resto de lo que has comido durante todo el día es sano, variado, con frutas y verduras, cereales, proteínas animales y demás elementos de los que la pirámide alimentaria dice que hay que consumir con mucha más frecuencia que esos antojitos golosos, estas pequeñas salidas de tono no tienen por qué pasar factura a tu salud ¡ni a tu peso! Lo que no puede ser es que nos levantemos comiendo bollería industrial, que la repitamos para merendar, que picoteemos patatas fritas entre horas, nos hartemos de embutidos ibéricos para tapear a mediodía y nos metamos entre pecho y espalda un kilo de carne para comer. Que por separado no nos harían tanto daño, pero amontonados de esta forma van a acabar con nuestra salud a la larga. Porque este es el problema de quienes llevamos una mala alimentación: ahora nos sentimos bien pero cuando lleguemos a viejos tendremos una serie de achaques derivados de estos hábitos, que podríamos haber prevenido desde la infancia. Y otro truco: la ingesta de alimentos para cada persona está íntimamente ligada a tu actividad física. Los niños corren como locos durante todo el día y van a quemar esas calorías extras, pero si yo soy una chochona que trabaja sentada, no hago deporte y me muevo lo justito ¡bye, bye antojos!

¿Sabías que la obesidad y el colesterol podían tener una base en nuestra genética familiar? ¿Alguna sospecha que este pueda ser su caso?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

6 comentarios:

  1. Maria Mivinailart

    Muy interesante el post.
    Algunas de las veces que me puse a dieta mi madre me decía que si durante la semana había seguido todo muy bien y tal, pues que podía darme un caprichin, para evitar la ansiedad, de algo fuera de la dieta. Sin pasarse claro. Y mira, ahora al leerte me he acordado de ello con lo de que todos los alimentos son admitidos si lo hacemos variado.
    Lo de la genética, no me extraña. Yo soy alta como mi padre (mi madre la pobre pasa raspaita del metro y medio), pero tengo la misma forma de cuerpo que mi madre… las dos somos unas curvys en toda regla!! Mido 1.70 y no he sido capaz de bajar mas allá de los 85kgs. Me dejé llevar y me planté con bastantes más, ahors toca volver a los 80 como sea!! Jejeje

    • Claro es que al final es mucho peor vivir con ese ansia y odiando todas las privaciones que pecar una vez muy de vez en cuando. Es una lucha difícil,aunque yo no puedo culpar a mi genética sino a mi desinterés y malos hábitos. Y cuando más delgada he estado ¡ha sido durante el embarazo! Es que aún no me lo creo, vamos. Ahora no como mucha cantidad de nada, pero lo hago todo muy desorganizado, saltándome comidas… en fin ¡un desastre todo!

  2. Yo lo sabía porque tengo dos hermanas que han heredado ese gen. Las dos eran normalitas hasta la adolescencia y entonces se desató el gen de las narices. A una la he visto hacer dietas brutales, de no poder comer ni cebolla (controlada por nutricionista) sin perder peso. Así que ahora que sabe que es genético ya no hace dietas, simplemente come sano y nada más.

    • ¡Hala! Es que o aceptas que no puedes remediarlo o te pasas la vida sufriendo. Es tener muy mala suerte con la herencia familiar, pero al menos las tuyas han optado por comer sano y no por dejarse del todo ya que no lo pueden solucionar.

  3. En mi familia somos todos delgados, pero intento comer saludable para estar bien, que aunque no se engorde como bien dices puede haber colesterol u otras cosas.
    Y no hay que demonizar, hoy mismo me he puesto fina en una comida familiar y ahora estoy merendando un pastel con chocolate, pero mañana saldré a correr o caminar y arreglado. Y sino puedo ir tampoco pasa nada, el caso es comer equilibrado y ser feliz.

    • Claro que sí, Cuando pensamos en el tema del colesterol solemos asociarlo a personas gordas pero si tu alimentación es mala, podrás estar delgado y padecerlo. La clave es esa: si tienes un exceso o un capricho de esos alimentos de la puntita de la pirámide alimenticia, no pasa nada. Si pones remedio para compensarlo con el resto de tu dieta y actividad física.

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