Conciliación es tu deporte. ¡En forma con tus hijos!

Conciliación es tu deporte

Recién estrenado el verano no sé si despedirme ya del blog hasta el otoño. El viernes acabó el colegio de mi hija mayor, así es que empiezan los juegos de la conciliación: ese imposible del que no sé cómo salimos las familias adelante cada verano. Como autónoma que trabaja desde casa, el peso de la organización de esta parte del año recae sobre mí, porque el padre de las criaturas no puede reducir su jornada con los calores. Sí, el pequeño seguirá yendo un mes más a la guardería sus 3 horitas por la mañana. Durante el curso normal, 3 horas no es que rindan mucho, pero durante las vacaciones de verano ¡es que se quedan en nada! Mis propósitos como runner veo que se van a quedar aparcados del todo: entre evitar las horas de máximo calor, que no puedo salir cuando refresca porque es cuando toca sus baños, sus cenas y su hora de dormir. Como no se duermen temprano, cuando los metemos en la cama ya es noche cerrada ¿y a dónde va una madre que aún duerme a saltos con un lactante a esas horas de la noche? Pues a arrastrase del sofá a la cama en cuanto el último niño cierre el ojo, y a dejarse morir a solas al menos durante unas horas hasta que le reclamen la primera teta. La lactancia consume calorías ¡olé! Pero no creo que supla el resto de beneficios del deporte. Así es que mi rutina deportiva para los meses de verano me la he diseñado yo solita. ¿A mi gusto? ¡No! A salto de mata, porque ojo al panorama.

La conciliación es tu deporte porque…

Para empezar porque al menos yo en verano ¡voy a madrugar más! Lo nunca visto. Mis hijos no es que sean dormilones precisamente, pero mientras el pequeño mantendrá su horario de entrada a las 9 de la mañana, la niña empezará también sus clases de natación a esa hora ¡en la otra punta del pueblo! Con lo cual deberemos adelantar la hora del despertador al menos media hora y salir corriendo de casa. Eso sí, va a llegar con las piernas ya calientes para empezar el ejercicio porque caminará 2 kilómetros a la ida y otros 2 a la vuelta. Y yo el doble. O sea, al menos 8 kilómetros al día simplemente para entregas y recogidas de niños. ¡Esto no está pagado! Y además en qué horarios. La ida temprano por la mañana, todavía será fresca y soportable (esperemos), pero la vuelta a la 1 del mediodía, con el sol en todo lo alto y el hambre acuciando a las criaturas ¡veremos si sobrevivimos al mes de natación!

Con los niños se suda gratis

Yo detesto los parques hasta que los niños se pueden gestionar medianamente por sí mismos, pero claro, hay que hacer el esfuerzo y sacar a las criaturas a que se aireen de vez en cuando. En cualquier caso, aunque sólo los lleve un rato de paseo por la calle, con las temperaturas que tenemos ya y el pequeño, que va a su aire y nos tiene correteando y haciendo el doble de distancia cada vez que le da por girarse y caminar en sentido contrario, eso tiene que convalidar como deporte de alto rendimiento.

Las tareas domésticas a 30 grados

Y digo 30 tirando por lo bajo, pero en esta época de año en la que la conciliación es tu deporte, doy gracias de haber relegado la plancha al fondo del armario y sacarla solo para fiestas de guardar, porque puede convertirse en un ejercicio de alto riesgo. Correr de un lado a otro haciendo camas; pendiente de que el niño no me inunde el baño o la cocina (ese sí que tiene aficiones veraniegas); cocinar como si estuvieras metida en un obrador del infierno; salir a comprar a deshoras ¡cómo se complica cualquier cosita con la llegada del calor! Podríamos decir que en esto no tienen culpa las vacaciones escolares y que el bochornoso verano mediterráneo no se ve influido por tener a los niños en casa. Pero no es así, porque con ellos de cuerpo presente todas las tareas cunden menos y cuestan más.

Además, justo nuestro salón, que es la única habitación de la casa en la que puedo trabajar mientras ellos juegan bajo supervisión, es la más calurosa durante todo el día. Rizando el rizo, vamos. Por ese motivo, a día de hoy me visualizo más corriendo de un lado para otro que sentada cómodamente ante el ordenador compartiendo curvy experiencias. En unos días, igual lo tengo ya todo bajo control y hasta me sobra tiempo para volver por aquí. Pero si no consigo dar con la tecla de la conciliación en verano. ¡Esperadme! Que seguro que vuelvo cuando bajen las temperaturas o los niños comiencen con la vuelta al cole. ¡Nos vemos en unas semanas!

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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