Clases de gimnasio no aptas para gordas

clases de gimnasio no aptas para gordas

Antes de levantar susceptibilidades, dejaré claro que como de costumbre, cuento mi experiencia curvy personal. Si bien una gorda todo lo puede y no hay limitaciones imposibles en nuestras vidas, ni en moda, ni en hobbies, ni en nada que deseemos hacer, en mi caso, desde que dejé de ser la gacela de mi clase aquagym para sexagenarias y me reenganché al gimnasio para hacer zumba y encontrar mi rato propio e intransferible dentro de lo absorbente que puede llegar a ser la maternidad, he probado, observado y valorado seriamente la posibilidad de hacer otras de las actividades deportivas que se ofrecen en mi complejo deportivo y he hecho dos listas: una de clases de gimnasio no aptas para gordas y otras que me parece que están al alcance de todos. ¿Con qué criterios? Pues con el mío propio, basándome en lo chochona que me he visto, lo traumatizada que me ha dejado la experiencia o mi incapacidad más que evidente para seguir el ritmo del resto de los compañeros. La lista buena os la pondré otro día, pero hoy voy a empezar por la de deporte del horror.

Spinning. O bike, o como quiera que le llamen en cada centro deportivo. El caso es que he intenté seguir una de estas clases, porque habitualmente he usado bicicleta estática y pensaba que mucha diferencia no podría haber. Vale, creía que en la bici estática estoy sentada todo el rato y aquí debería levantar el culo según marcara el monitor. Pero no: ¡fue una tortura de principio a fin! Empezando por el asiento, más estrecho e incómodo para cualquier ser humano, las marchas durísimas de la bicicleta y esos momentos sobre los pedales con el culo en el aire ¡era inhumano! Es que no tiene nada que ver usar la bicicleta estática que una clase de spinning. Del fondo físico ya ni hablamos: asfixia constante, pulsaciones revolucionadas por completo, un malestar, piernas temblonas… Vamos, que aguanté por np huir a mitad de la sesión, pero yo ahí no vuelvo ni a las de nivel básico.

Step. Oye ¡se ve la muerte en cada paso! A priori me pareció similar al zumba: podría ir perdida con los pasos, nada coordinada con el resto, no hacer el mismo número de repeticiones, pero dado mi poco equilibrio, el aparentemente inocente step se ha convertido en una de las clases de gimnasio no aptas para gordas. O al menos para mí. Me paso la hora pensando en un posible tropiezo, en echar a rodar por el suelo en cualquier instante. Lo de menos es no llevar el ritmo ¡lo peor es poner en peligro mi integridad física! Supongo que habrá otras curvy con mejores dotes para el step pero no es mi caso.

GAC. Aquí se le llama así a un programa de ejercicios para tonificar gluteos, abdominales y piernas. Es una mezcla de ejercicio aeróbico y anaeróbico, porque se usan algunas pesas. Lo bueno es que no requiere una gran coordinación ¡punto para mí y mi cuerpazo! Lo malo es que a mí la barriga me impide seriamente ejecutar muchos de los movimientos correctamente. Vamos, que reboto con mis michelines y ni logro completar los abdominales, ni las poses curiosas de piernas para un lado y para otro. No parece grave pero en realidad no aprovecho nada muchos de los ejercicios que se enseñan. Y claro, dejar pasar los escasos minutos de los que dispongo para ver cómo se ejercitan otros mientras yo hago el paripé… Pues mejor me dedico a otra cosa.

Circuito extremo. Esta es la novedad del año en el gimnasio. Es una actividad exterior (¡en invierno!) en la que se monta una pista de pruebas al estilo de los entrenamientos de los marines poco más o menos. Vamos, el nivel físico que requiere ya es alto, porque tened en cuenta que la dificultad es máxima y además se condensa todo en una sesión de 30 minutos. Como os podréis imaginar, a esta clase sólo me he asomado para deleitarme en la distancia. O sea, ya me han quedado claras mis limitaciones actuales. No digo yo que en un futuro no haya mejorado mi condición y esté a las puertas de convertirme en una curvy atleta de élite, pero por el momento me tengo que conformar con cómo estoy. Agacharse, saltar, reptar, trepar a toda velocidad… Es que me da pereza sólo de pensarlo.

Hay muchas más clases que aún no he probado, pero que ya me desmotivan de entrada por el nivel de dureza que dicen que tienen. ¿Vosotras habéis notado estas limitaciones por el peso y vuestra condición física a la hora de hacer deporte?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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