Tenemos una churrería en la puerta del gimnasio

churrería en la puerta del gimnasio

Pues ya lo he dicho. Es que no se le pueden dar más vueltas al asunto. Bueno sí, se le pueden dar mil vueltas, de ahí que hoy venga con mis desvelos sobre este tema, porque sí curvy señoras, en este pueblo tenemos una churrería en la puerta del gimnasio y aquí no ha pasado nada. ¡Pero sí que pasa! Cuando yo hacía aquagym hace años, ese engendro del infierno ya estaba allí. Es una especie de carromato rodante, que se puede cambiar de ubicación, pero que sólo desaparece en temporadas cortas, vacaciones, grandes fiestas… Pero lo normal es que esté allí, apalancada frente a la fachada del centro deportivo, minando el ánimo de quienes vamos a intentar llevar una vida sana y covertiéndose en una tentación constante. ¿De verdad no había un rincón mejor para ubicarla? Es que además tiene unas calles muy hermosas y cercanas, con aceras amplias por las que transitan los posibles clientes. Pero no, esta está dentro de los dominios del gimnasio. Vamos, tan adentro que las pistas de pádel, tenis, el párking y el campo de fútbol están más lejos para los usuarios que la churrería. Entiendo que no puede ser ilegal, claro, que es un oficio muy digno y tendrá toda su documentación en regla pero ¿por qué se ha instalado esta gente ahí?

¿La gente va a hacer deporte o a comer churros? No sabría deciros. No, porque en los horarios en los que yo suelo ir al gimnasio (viernes por la tarde y domingo por la mañana, habitualmente) las colas en la churrería son considerables. No, no hay más gente en la cola de la churrería que haciendo deporte, pero el número es bastante nutrido. Entre la clientela se ve de todo: gente que paseaba por la zona, o que quizás se ha desplazado exclusivamente para comprar los churros, pero también otras personas que van con sus mallas de hacer running o su ropa de hacer pesas ¡y míralos! Esperando turno la mar de felices. Que sí, que cada cual debe ser responsable de sus actos, y si quieren recuperar las calorías comiendo fritanga es cosa suya. Pero por una cuestión de salud pública ¿no sería mejor evitarnos a todos la tentación y situarlo en otro lugar? Porque ya sabéis que hay gente como yo, que si no lo ven no piensan en comérselo, pero si lo tienen tan a mano ¡cuesta mucho más hacer bondad!

Lo que yo pienso de la churrería. La verdad es que me ha hecho gracia el asunto. Me gustan los churros, las patatas fritas y todas las mierditas que venden allí, pero no son cosas que me tienten actualmente ¡porque mi obsesión sigue siendo el azúcar! Vamos, que entro y salgo, y me paseo por delante y no levanto ni la vista del suelo para no tener un antojo tontuno, pero no me encuentro realmente ofendida por su ubicación. Ahora, que me pongo a pensar en si en vez de una churrería allí hubiera surgido una heladería, una pastelería o a saber qué otro establecimiento de comida rica y nada conveniente ¡y qué sería de mí! Sí, he decidido ir al gimnasio por airearme, por tener un tiempo para mí misma, hacer alguna actividad saludable como el zumba y no expresamente para adelgazar. Pero tampoco tenía en mente ir a luchar contra la tentación de los churros. Por ahora, resisto muy dignamente. Dentro de unos meses, no sé yo si caeré. Bueno seguro que sí, cuando llegue el verano y empiece a llevar a los niños conmigo a la piscina, la niña seguro que pedirá alguna vez, y al final acabaremos siendo clientes muy ocasionales pero…

Hay un debate bastante encendido acerca del tipo de alimentos a los que se puede acceder en sitios públicos como hospitales, aeropuertos, estaciones ¡y yo añado el gimnasio! Normalmente, referido a las máquinas de vending o a los menús en cafeterías y restaurantes, que no dan la oportunidad de llevar una dieta nada sana, porque abunda la bollería, los productos procesados… Vamos, que ya podría haber allí una frutería y si a quienes vamos a hacer deporte nos da una ansiedad tremenda por comernos algo ¡que no tuviéramos que elegir entre un churro, una porra o un suso rebozado en azúcar!

¿Tenéis alguna tentación malsana en vuestro camino diario a alguna parte? ¿Soléis ceder a os reclamos u os mantenéis firmes en vuestros propósitos de vida sana?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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