Tu bebé gordito ¿cuándo es un niño obeso?

Tu bebé gordito ¿cuándo es un niño obeso?

Os conté hace mucho tiempo que la genética es muy variable y que porque nosotras estemos gordas nuestros hijos no tendrán por qué seguir nuestro camino. Con mi hija, de casi 4 años vivo bastante tranquila por el momento: come de todo (a algunas cosas les hace ascos, pero a pocas), siempre ha sido de percentiles enormes en peso y altura pero nunca nos han alarmado respecto a su posible obesidad de adulta en la consulta del pediatra. Es una niña alta, esbelta y no para quieta. Come la cantidad que quiere de lo que le ofrecemos (que intentamos que sea lo más sano posible, y más teniendo en cuenta nuestra misión para reducir los azúcares añadidos), siempre ha mantenido un crecimiento estable y es súper activa por lo que parece que todo se desarrolla bien. Pero con mi bebé ¡ay! Ya me lo han querido poner a dieta cuando simplemente vivía de la leche materna a demanda. La gente de la calle, no el médico, que me miró sorprendido y me dijo que no existen los lactantes obesos y que esa grasa que ahora almacena la necesitará cuando empiece a gatear (cosa que ya hace) y a caminar. Puede que entonces se estanque en el peso, o no gane tanto como hasta ahora, e incluso que se estilice por crecer más a lo alto que a lo ancho. Y entonces volveré a la consulta pero preocupada porque el niño no me come y me está perdiendo todas esas lorcitas tan adorables que tenía. Creo que no caeré en ese dramatismo en caso de que la historia se desarrolle como vaticina el pediatra. Pero sí me hace preguntarme en qué momento exactamente un bebé gordido pasa a ser un niño obeso para la gente de a pie. Bueno, y para los médicos también.

El recién nacido gordito y gracioso. Creo que a la mayoría de la gente le gusta un bebé gordito y entrado en carnes. Con esas redondeces, michelines, esos pliegues de piel sedosa… Es por pura estética aunque médicamente todas esas reservas de grasa tengan un fundamento vital como es el de preparar al niño para las enfermedades. Es común que los lactantes, ante cualquier malestar, dejen de comer y pueden bajar de peso rápidamente, lo que entorpecería su desarrollo. Por este motivo, en la consulta nos da la sensación de que a los pediatras les encantan los bebés gorditos, mientras que los estilizados los tienen en vilo, porque ante la más pequeña enfermedad pueden sufrir mucho. Y en la calle, sin razonamientos médicos de por medio, el entorno también alaba a los bebés bola, hasta que un día…

El niño está obeso. Un día resulta que surge el primer comentario sobre el peso de tu bebé y todos esos kilos y mollas que antes eran dignos de elogio, ahora son la base de las críticas constantes: que si tu leche engorda mucho (señor, la lactancia materna engorda lo que engorda, no se vayan a pensar que porque yo tenga este curvy cuerpo mi teta alimenta más que la de una madre de la talla 36), que si quítale tomas (la lactancia a demanda es a demanda. Si no tuviera hambre no mamaría), que si vamos a adelantar la fruta y las verduras, para quitar tomas de leche y que adelgace… En fin, un despropósito tras otro que tienen como único objetivo adelgazar al niño sin razones médicas ni de salud. Simplemente estéticas. Pobres, en qué mundo tan superficial han ido a nacer.

¿Cuándo se preocupará el médico? Pues tras mi preguntas sobre mi supuesto hijo gordo de 7 meses (en un percentil 75 de peso, que tampoco es que sea una exageración y 25 de altura. Sí un poco recortejo me ha salido), el pediatra me dijo que si cuando tenga 3 años esta desproporción entre peso y altura sigue patente, deberíamos tomar cartas en el asunto. ¿Dieta estricta? Para nada, una dieta que incluyera todos los nutrientes pero eliminando las cosas superfluas tipo bollería, productos envasados y procesados, golosinas… Aún así, en la consulta están convencidos de que según vaya creciendo mi hijo se irá normalizando. Bueno ¡es que ya es un bebé normal! Más allá de las opiniones de la gente acerca de su peso y su hechura corporal.

Como madre, no quiero que mis hijos vivan permanentemente a dieta, que vean la comida sana como un ejercicio de privaciones, ni que tengan peor salud a causa de su alimentación. Pero llegar a estos extremos con un lactante ¿no es un poco precipitado? ¿Habéis sufrido este tipo de ataques hacia vuestros hijos?




Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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