Anti propósitos de año nuevo para una curvy

anti propósitos de año nuevo

Nunca he sido dada a hacer listas de nada. Ni de pros ni de contras, ni en mi vida personal, ni para hacer compras, ni para tomar decisiones laborales. Voy pensando las cosas sobre la marcha y tomo una decisión que lógicamente creo que es la acertada. Pero esto de marcarse metas en el nuevo año está tan de moda, que he pensado en hacer un listado de anti propósitos de año nuevo para una curvy. Lo positivo de las listas tradicionales es que me puede servir para marcarme unas metas personales que alcanzar, y sentir que me realizo como persona. Lo negativo es que como no lo he hecho con anterioridad, me da miedo el fracaso. Así soy, muy pasota para unas cosas y un pelín afectada para otras. En cualquier caso, me he sentado a valorar mi situación actual y he acabado con unas cuantas ideas atípicas, no de objetivos que quiero alcanzar, sino más bien de errores en los que no quiero caer.¡A todo le doy la vuelta! Pero visto así, creo que tendré menos frustraciones si no logro alguno de ellos y si los logro ¡igual para el año que viene me vuelva más exigente!

No haré dietas para adelgazar. No quiero marcarme un objetivo para perder peso, sino lograr un estilo de vida saludable. Empezamos a eliminar azúcares innecesarios en agosto y seguiremos por esta senda: decir no a los alimentos procesados, optar por otros más naturales, desterrar los dulces todo lo posible… Vamos, lo que todos entendemos por beneficioso para la salud pero que a veces nos cuesta tanto hacer. Si me estanco en el peso, o se me siguen cayendo algunos kilos por el camino ¡estupendo! Pero las dietas se me hacen pesadísimas teniendo que ocuparme de la comida de toda la familia. Así es que como no tengo ni tiempo ni ganas de cocinar una cosa distinta para cada cual, haremos lo posible por comer todos mejor a ver si adquirimos ya el dichoso hábito.

No me apuntaré a un gimnasio. El otro día me partía de risa con una noticia cachonda, que decía que empiezan a proliferar los gimnasios abiertos 24 horas al día, para que puedas no ir a cada instante. Yo fui muy disciplinada los años en los que pagaba el gimnasio, pero fue parir y acabar con mi escasa vida deportiva. Este año no quiero pagar ninguna matrícula, ni ninguna cuota, porque si una cosa tienen mis hijos ¡es que me descuadran todos los horarios! Eso, más un trabajo con una carga de lo más variable de un día para otro, y unos fines de semana en los que tampoco logro minutos personales. ¿Para qué me voy a gastar el dinero si no voy a poder ir? Así es que antes de fracasar, ya coloco este antipropósito de año nuevo en mi lista y así viviré más relajada. Eso sí, algunas aspiraciones tengo en este terreno deportivo, aunque sólo sea caminar a paso rápido empujando la sillita de paseo del niño, o retomar esos planes de bailar con la niña en casa, o refugiarme en la bicicleta estática de mi madre. Pero algo tengo que hacer, que me voy a apolillar en casa ¡tan joven y tan mona todavía!

No matricularme en cursos. No hablo ya de idiomas, sino de cualquier otra disciplina, y eso que a finales de 2017 estuve valorando seriamente complementar mi formación, y hasta hacer un máster a distancia. ¡Como una cabra! Menos mal que el año nuevo ha venido a abrirme los ojos y a cerrarme las domiciliaciones bancarias, porque si a duras penas logro llegar al final del día con mis deberes básicos cumplidos ¿de dónde voy a sacar yo las 500-1.500 horas que requieren los cursos que había estado valorando? Creo que el azúcar navideño nos deja a todas un poco deschavetadas, y nos vemos muy poderosas para hacer todo lo que nos propongamos. Pero después se pasa el día de Reyes y nos damos de morros contra la realidad. Para todos, el día tiene 24 horas, ni más ni menos. Para mí, no sé si serán los niños, la mala organización o la alineación de los astros, el caso es que se me hacen cortísimos y más allá de las cuestiones de supervivencia básica ¡no logro hacer nada! La concentración con un bebé que gatea por todas partes, y que seguramente caminará pronto, no la voy a tener en mi mejor momento, así es que este es otro antipropósito de año nuevo para una curvy, aunque quizás pueda ser un buen propósito en el futuro.

Tampoco es que vaya a sentarme a mirar al techo y ver cómo se pasa el año 2018. Sé que algo especial acabaré haciendo, pero prefiero no partir ya estresada desde la primera semana del año e ir tomando las cosas según vengan, sin hacer planes titánicos que puedan conllevar grandes desilusiones. ¿Vosotras sois de marcaros muchos objetivos o de ir improvisando sobre la marcha? Si este sistema no da buenos frutos ¡en 2019 haré una lista estándar!




Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.