Adelgazar sale caro. Imprevistos que no me había planteado

Adelgazar sale caro

Bueno, bueno, bueno, no, aún no he perdido del todo la cabeza, ni he dejado de ser obesa, ni vuelvo con la fatorexia a tope creyéndome una sílfide. No. Sin embargo, resulta que con un poco de pérdida de peso (7 kilos hasta el momento) y un mucho de centímetros a la redonda (por aquello de que es más importante perder volumen que peso) definitivamente no voy a llegar a las rebajas de enero, pero no sólo porque me bailen muchas prendas de ropa básica, sino porque estoy necesitando hacer inversiones que ni me había imaginado. Voy a entrar en materia rapidito para que me entendáis.

Ropa ¿y ropa interior?

Al empezar a notar cómo se me escurrían los pantalones, lo feos que quedaban, etc. la idea fue agenciarme un par de cinturones y resistir sin comprar hasta las rebajas. Porque sí, los cinturones que tenía también se me han quedado grandes y ya no ajustan. ¡Pero no! Es que algunos están tan horrendos que ni con cinturón los voy a apañar. Creía que esta sería la prenda más problemática, porque los jerséis noto que se adaptan bastante bien al cuerpo, las camisetas igual, pero al echar mano de un vestido para ir a un sarao especial ¡despropósito al canto! Sí, los pantalones no son la única prenda que te puede desfigurar cuando adelgazas, porque madre mía lo que pueden hacer unos pliegues sobrantes en un vestido. Sin embargo, cuando de verdad me he dado cuenta de que adelgazar sale caro ha sido al notar que mis perfectos sujetadores de talla ideal ¡me quedan grandes! En cuanto al contorno, como todos traen varias medidas ajustables de corchetes, aún me quedan bien. Un pelín más desahogados pero bien. Sin embargo ¡ojo con el espacio destinado a colocar el tetámen! Ahí me sobra tela por todas partes. Y si encontrar un pantalón de urgencia por 6 euros es una misión factible, lograr la misma proeza con un sujetador no lo es. Lo mismo me ha pasado con un par de medias que el año pasado no podía ponerme (necesitaba la braga-faja para que me las sujetara, porque la parte central se quedaba colgando en la entrepierna) y este año sigo necesitando la braga-faja pero para que no se me caigan porque se me resbalan por grandes. Gastitos que no había previsto, la verdad.

Adelgazar sale caro porque gastas más en comida

En mi caso no mucho más, pero sí, comprar comida más sana a veces es más caro que la insana. Por ejemplo, una barra de pan del supermercado te puede costar 40 céntimos, y la que necesitas para vivir bien, integral, multicereales, etc. se te puede ir a los 2 euros o más. La pasta integral también es más cara, el aceite de oliva virgen extra también… La lista es larguita. Sí, que es por nuestra salud y a la larga eso no estará pagado, pero de entrada pensaba que no se notaría tanto en la cesta de la compra. Por suerte, no todo se encarece en la misma proporción, además de que vamos a prescindir de ultraprocesados, que tampoco son baratos, y vamos a comer menos cantidad, porque como los alimentos nutritivos sacian más que las porqueriítas ricas, una cosa acaba compensando el extra coste de la otra. También las comidas fuera de casa se encarecen, porque los restaurantes de comida rápida desaparecerán de tu vida y en el caso de que logres encontrar algo con apariencia de digno para comer, seguro que el precio es mayor que el de los menús más populares. ¡Todo sea por nuestra salud!

Necesitas a un profesional que te guíe en tu camino

Definitivamente, un buen nutricionista es imprescindible para que el camino de la reeducación alimentaria no sea un sendero tortuoso en el que prefieras morir por el camino a llegar al final. Antes de conocer a las chicas de Corporis Sanum ese era mi lema en la vida: prefiero morirme 10 años antes que vivir sin comer lo que me dé la gana toda la vida. ¡Y olé! Porque yo lo valgo. Luego me dio el jamacuco veraniego que me metió el miedo en el cuerpo y cambié esta filosofía de la noche a la mañana. ¡Y menos mal! Porque creo que todos relacionamos el adelgazar y el comer bien con dietas milagro, de esas en las que pasas más hambre que un perrillo chico y claro, toda la vida al borde de la inanición, eso no hay cuerpo que lo aguante. Pero cuando das con profesionales que te entienden, que se basan en tus preferencias, que no te van a obligar a comer coles de bruselas jamás, si es que la odias a muerte, la vida se ve mucho más variada y con muchos más colores. En este sentido, adelgazar sale caro, pero no tanto. Por ejemplo, con un plan de 3 meses de seguimiento (que cuesta en torno a 150 euros el trimestre si no hay ninguna oferta, porque por ejemplo mañana estarán de promoción de Black Friday y será todo un 30% más económico con el código BF2019) hubiera llegado hasta donde estoy ahora, con una idea más que clara de todo lo que hacía mal hasta ahora, de todo lo que tengo que hacer bien y de las 1.001 opciones saludables que existen para conseguirlo.

Aumenta el gasto en pilas

¡Jajaja! Me da la risa sólo de pensar en cómo puede desatar la imaginación esta partida, pero sí, está visto que mi báscula de baño no lleva bien el exceso de uso que le estoy dando. Creo que lleva unos 5 años viviendo con nosotros y puede que la usásemos una vez cada ¿3 meses? Sí, este hombre no tiene inquietudes sobre su peso, a los niños los pesa el pediatra y yo tampoco estoy hecha para sufrir, intuyendo las barbaridades que me iba a gritar en cada intento. Con el cambio de pautas de alimentación, el peso era secundario pero es una de las cosas que más ha variado en mi vida. Hasta el punto de que me levanto cada día sin creerme que pueda estar bajando a buen ritmo sin pasar penurias, por lo que sí ¡lo tengo explotado! Y así he descubierto que su calidad no debe ser muy buena, porque se me chupa una pila nueva casi cada semana. ¡No gano para pesarme! Lo ideal es pesarse una vez a la semana, a la misma hora, desnuda o con la misma ropa, pero debo confesar que yo la mía la piso a diario porque es un factor muy positivo que me alienta a seguir por el buen camino.

¿Qué gastos extra habéis tenido al intentar cambiar de hábitos? ¿Lo consideráis dinero bien invertido, verdad?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

Un comentario:

  1. En mi caso la ropa. Y aunque no cambie de talla, si que hay cortes que no me favorecen cuando pierdo peso. Lo de los sujetadores es un tema. Porque se suma el peso, los años, la lactancia y seguro algo mas…
    Como anegdota, yo segui usando unos pastelones de maternidad, aunque me quedaban grandes y no tenian trabillas para el cinturon. Pero como eran anchos los usaba, por la comodidad. El problema fue un dia que me puse esos pantalones y unas bragas de embarazo! Pues lleve a los niños al cole y cuando volvi a casa de milagro seguia vestida!!! Asi que ahora me tengo que ir a comprar un pantalon negro… que otro de mis propositos es dejar las compras online!

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