Tus hijos no te ven gorda

tus hijos no te ven gorda

Vengo con los resultados de mi estudio sociológico de andar por casa, al más puro estilo de Mercedes Milá, para decir algo que quizás ya sabéis pero que yo he descubierto recientemente. Mi hija mayor, de 3 años y medio, anda en una fase de esas peligrosas, de sinceridad brutal y a veces cruel, en la que los niños no miden las consecuencias de sus palabras y lo sueltan todo a bocajarro, tal cual lo piensan. Así ha empezado a hacer distinciones acerca del tamaño de la gente, de su belleza, su corpulencia, y claro, los extremos como lo muy gordo o lo muy pequeñito le llaman poderosamente la atención. En casa hemos jugado y hecho bromas con todo tipo de muñecos gordos y delgados, y con cara rara y con lo que sea, hasta que de pronto, un día viendo a un hombre obeso en la tele ella sola exclamo: “Mamá mira qúe booooordo”. Sí porque por algún motivo su G suena como una B y pensé que ya la habíamos liado y que ahora saldría al mundo llamando gorda a la gente que, efectivamente lo está. Pero claro, como este adjetivo suele resultar tan peyorativo, y no suena igual que si fuera diciendo “Mamá mira qué rubia” o “Mamá mira qué alta”, me visualizaba a mí misma intentando salir de algún entuerto dialéctico originado por el nuevo vocabulario y la incontinencia verbal de mi criatura.

En estas curvy divagaciones andaba, cuando un día se me ocurrió preguntarle si creía que yo estaba gorda, esperando lógicamente que me dijera que sí, más que nada porque es algo que me repito muchas veces a diario, y muchas en voz alta, y aquí paz y después gloria. Pero para mi sorpresa, la niña me dijo que no, que yo no estaba gorda, que mamá era guapa. Vamos a ver hija mía, si una cosa no quita la otra, que hay gordos en el mundo de muy buen ver. Pero yo venga a insistirle en que mamá sí está gorda y ella venga a decir que no, que mamá es guapa y que mamá es la reina mami y yo no sé cuántos más piropos de estos de niños que me soltó. Algo querría, pensé, y está intentando camelarme para conseguirlo. Pero no, por algún extraño motivo tus hijos no te ven gorda, mientras que sí ven los kilos de más en el resto de la gente.

¿Cómo es posible? En un alarde de orgullo, imaginé que quizás haya otras cualidades en mi faceta de madre que a la niña le impactan más que mi peso: no sé bien cuáles, porque tampoco es que yo sea una juerga con patas, ni mucho menos la madre del año. Sin embargo, quizás ella aprecia mi cercanía, me quiere de verdad, siente un apego especial, o incluso aprecia cosas como que de vez en cuando le compre una chuchería o le ponga los dibujos en la tele cuando ella no se aclara con el mando a distancia. Vamos, que la estética se la trae al pairo porque sí es capaz de ver la madre que soy más allá de los kilos, la que tiene y la que supuestamente se esmera por hacerla feliz. Y quizás este punto de vista es el que nos falla a los adultos, el de quedarnos simplemente en la valoración estética y obviar lo demás. Aún así, no deja de sorprenderme que si tus hijos no te ven gorda, cuando en realidad sí lo estás, igual o más que otras personas con las que se topan en su vida diaria ¡no te encasillen como tal!

Seguro que cuando tenga 15 años, una adolescencia de película de terror y quiere hacerme comentarios hirientes y faltones, se centrará en mi peso para hacerme sufrir (pues la lleva clara, porque con lo poquito que me van a afectar…). Pero ahora, de niña ¿habéis notado este tipo de razonamientos en vuestros hijos? Igual deberíamos sentarnos a pensar en esa imagen que proyectamos, en esa preocupación por nuestro físico, por ocultarnos a veces, por no vernos lo suficientemente bien en las fotos y siempre demasiado tremendas y nada bellas cuando resulta que quienes de verdad nos quieren de forma incondicional ni siquiera se fijan en esos kilos de más.

Yo ando con la moral por las nubes desde que he hecho este descubrimiento. ¿Os animáis a hacerlo vosotras? Seguro que incluso aunque tengáis niños mayores, y ya sean más conscientes de las cuestiones estéticas y de peso, si les preguntáis por un rasgo que os defina no van a centrarse en el peso de mamá. ¡Probad y veréis!




Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

2 comentarios:

  1. Me quito el sombrero ante tu hija, qué gran visión! Es cierto que nos ven guapas con la mirada de su amor filial. Deberíamos aprender.
    Me resulta curioso esa asociación gordura contra guapura… Qué interiorizado lo tiene ya a pesar de sus pocos añitos… Qué rabia que para ser bella sea condición si me qua non la delgadez…
    Y hasta que llegue esa adolescencia o la infancia en que otros niños se metan con tu hija por tu peso (lo he visto este año en el cole con niños de seis años, alucina), tienes tiempo de seguir dándole argumentos para gritar a los cuatro vientos que se puede ser gorda y guapa, y que su madre es mucho más que una gordi.
    PD: gracias por compartir

  2. Pues en mi caso mi hija es tremenda y aunque hace mas de un año que tuve a mi peque me dice alguna vez que tengo la tripa gorda y si va a venir otro bebe 😅😅
    Eso sí, también me dice que soy la más guapa y la más molona.

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