¿La lactancia engorda? ¿O tengo ansiedad?

lactancia engorda por la ansiedad y el estrés

En un primer momento pensé ¿ansiedad yo? Vamos, hombre, si vivo en mi balsa de aceite, en mi pachorra natural, que a mí todo me entra por un oído, me sale por el otro, voy a lo mío y nada me perturba. Pero oye, es que ya es el segundo embarazo en el que estoy viviendo la misma situación en la que después de haber perdido peso durante la preñez (o haberlo mantenido, como me ha pasado esta vez) llega la hora de meterme de lleno con la teta y resulta que la lactancia engorda. Con la niña, estaba convencida de que lo que me engordaba no era la lactancia, sino la mala alimentación que llevaba, el saltarme comidas porque no daba abasto para cocinar, el comerme cualquier porquería precocinada que pillara a mano para salir del paso, etc. Y claro, mientras mi hija se alimentaba exclusivamente con el pecho, incluso con estas burradas, no aumentaba de peso, pero en cuanto empezó con la alimentación complementaria, y sobre todo a partir de cumplir el primer año, cuando ya comía prácticamente de todo, la báscula empezó a echarme en cara estos excesos. En el segundo embarazo no he perdido peso, pero al llegar a casa sólo tenía 400 gramos más en mi cuerpo. Sin embargo ¡este último mes he engordado 3 kilos! ¡Una barbaridad! Ni propósito de contabilizar calorías con My Fitness Pal, ni este niño prematuro que mama sin descanso día y noche. Lo peor es que he cometido una serie de atentados que voy a confesar ahora, y que se pasan mucho de la normalidad, de lo que deduzco que algo me ocurre, aunque yo no lo note.

Soy vaga para la cocina. Bueno, esto no es nuevo, y sí, lo noto. No me gusta cocinar aunque me encante comer. Pero claro, no me lo ponen todo a diario por delante. Porque si me lo cocinara otro, yo podría comer sano siempre, pero hacérmelo yo me da una pereza ¡hasta pelar una fruta me sienta mal! Y me pone de mala leche, por lo que se me quitan las ganas de comérmela y prefiero ayunar que picotear eso. ¿Qué ocurre? Que si logro llegar a la hora de una de las comidas principales, estoy famélica y me paso mucho con las raciones porque me he pasado una cantidad enorme de tiempo sin ingerir nada. Sin embargo, lo más habitual son los atracones entre horas, y es esto lo que debo confesar.

Atracones sin medida. No me puedo excusar en que la lactancia engorda, porque lo que he estado haciendo estas semanas es lo que de verdad me ha puesto este exceso de kilos en el cuerpo. Y es que voy a afrontar la famosa operación bikini habiendo cometido crímenes como estos: comerme una bolsa de patatas fritas en logar de almorzar. Entera, con un vaso de agua y andando. Comerme una tableta de chocolate al día entre horas. Sin miramientos. Ahora un cuadradito después del desayuno, ahora otro cuadradito porque tengo que pasar por la cocina para tender la ropa; otro porque voy a beber agua, otro de postre y otro porque no puedo dejar de pensar en la tableta llena de cuadraditos de chocolate que tengo en el mueble. Solución: esta semana ya no hay chocolate en casa. Igual que con el chocolate, me ha pasado con unas galletas súper baratas del supermercado que me han creado una adicción preocupante. Y también podía comerme el paquete de galletas entero, de una sentada, en una horita tranquila mientras doy el pecho o trabajo en el ordenador. Coger un aro, luego otro, luego otro y cuando te das cuenta has llegado al fondo del envase y hasta te pones de mala leche porque no quedan más. Cuando me di cuenta de que esta obsesión por lo dulce no podía ser sostenible ¡me pasé a lo salado! Pan con paté a deshoras, una loncha de jamón serrano porque es más sano, y enganche al salami sin el que no podía vivir en el desayuno durante 3 semanas. Eso sí, aveces comía tanto entre horas que ya me saltaba directamente la comida ¡para seguir comiendo guarradas entre horas!

Dependencia del azúcar. Yo nunca he sido así. He estado siempre gorda pero no hacía estas cosas. Podría comer más o menos sano, raciones de mayor cantidad de las que serían recomendables para mi constitución y llevar una vida poco activa, pero ni picoteaba entre horas ni me pasaba los ratos muertos pensando en dulces. Esto es nuevo y empecé a vivirlo en este segundo embarazo. El caso es que veo que ahora hay una especie de moda para desintoxiarse del azúcar y creo que me debería unir a ella. Para empezar, he dejado de comprar todos estos alimentos que son más dañinos que otra cosa. Si no están en casa, la pereza me impedirá ir a buscarlos a la calle. Aunque el día anterior a tomar la decisión confieso que me pasé una hora completa en casa, revisando los muebles en busca de algo con chocolate, algún caramelo apetecible de la niña y sin otro pensamiento en mente. ¡Una hora de mi vida perdida en busca de algo dulce que llevarme a la boca! Hasta que encontré arrumbadas en el fondo de un armario (y vete a saber si caducadas y todo) una galletas chocolateadas de Bob Esponja que me zampé. Y aquí creo que ya toqué fondo. He hecho el propósito de volver a comer más verduras, frutas entre horas y creo que también debería ir al médico para contarle lo que me está pasando, porque realmente se esta convirtiendo en una obsesión. Como a escondidas, compro cosas para mí que desde luego no quiero que coma mi hija, y las engullo deprisa, casi sin degustarlas siquiera, por lo que sí, me siento como una drogadicta haciendo estas cosas.

No es solo una cuestión de peso (que también, porque un ritmo de engorde de 3 kilos mensuales ¡no hay cuerpo que lo aguante!) sino de salud, porque un día de estos las chucherías y las grasas oxigenadas esas de palma me van a colapsar por completo. Pero no es nada fácil resistirse a ellas. Anteriormente, cuando he hecho dieta o simplemente me he propuesto comer mejor, siempre he alardeado de mi fuerza de voluntad, de mi mi tesón para resistirme a las tentaciones y cumplir con el objetivo marcado. Pero ahora ¡es que me resulta dificilísimo respecto al azúcar! Sobre todo, porque el objetivo ya no es sólo perder peso, sino cambiar de hábitos y esto ya son palabras mayores.

¿Vosotras habéis pasado alguna vez por una etapa similar de ansiedad con la comida? ¿Cómo lograsteis salir de este círculo?




Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

2 comentarios:

  1. Te entiendo. A mí el dulce me pirra así que evito tenerlo en casa pero claro, sales y que sincamis a merendar, que si de postres un dulcecito… en el embarazo, como sabes, he engordado un montón, al igual que en el anterior. Así que esta vez he decidido coger el toro por los cuernos ya porque, ¿para qué alargarlo? A ver si aguanto… la cosa es suprimir azúcar al 100%, hincharme de fruta en desayunos y meriendas (varío para no morir de hastío y sí, a mí también me da perezón pelarla) y reducir raciones. Como tú, me mata cocinar pero adoro comer. Y con un bebé y otro hijo en el mundo, cocinar… complicado (bendito comedor escolar). Así que como ando tirando de tápers de mi madre y de ir a casa de mi suegra pues toca comer lo que haya que, además, me parece mejor porque así luego no hay que acostumbrarse a comer “normal”. Las cenas, fruta y verdura. Los palillos de pan, contados (literalmente). Al final, lo que hago es comer como debería comer siempre.
    A ver si en Semana Santa no me lo paso todo por el arco del triunfo jejeej. Ánimo que tú puedes.

  2. Otra igual! Engordé casi 12 kilos en mi segundo embarazo y di a luz un bebé de 4,700 y 55 cm!!( No tenía azúcar ni nada) y en la visita a los 10 días a la matrona ya había perdido todo el peso(era todo Niño) pero 7 meses después.He engordado 2,5 kg y ya me sobraban 8 así que la ropa me viene apretadisima y me veo hinchada y fatal.Pero es exagerado cómo busco el dulce cómo una yonki total..Me identifico con la imagen de buscarlo por la casa y comerme los huevos de Pascua del nene mayor,eso ya es mucho….Pero es que tengo hambre a todas horas y el chocolate es mortal.. Mañana nos comemos la Mona y a dejar el azúcar,los montaditos de queso a medianoche,etc.

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