Excesos navideños. Estas navidades he pasado miedo

navidades he pasado miedo

¡Feliz año 2017! Imaginad cómo habrán sido las navidades que he tenido a causa de los excesos navideños, que hasta el 7 final del nuevo año lo veo más estilizado y resultón que el panzón 6 del año que ya se ha acabado. Me despedí precipitadamente en diciembre, cogiéndome unas vacaciones adelantadas para relajarme del trabajo, disfrutar más en familia, tomar conciencia de mi embarazo (porque ya estaba en el tercer trimestre y aún no había tenido muchos minutos para sentarme a pensar en él). Todos propósitos muy dignos, muy amorosos y loables. Pero ¿cuál ha sido la realidad de esta desconexión? Pues que estas navidades he pasado miedo. Pero de verdad. Y todo por dos cuestiones básicas: la comida y la ropa. ¡Ole y ole! ¿Se puede ser menos profunda? Alguna habrá con menos hondura psicológica que yo, pero lo cierto es que no sé por qué en estas fechas me he obsesionado tantísimo con ambos temas. Que estoy gorda ya lo sabía antes de que la primera tableta de turrón de chocolate Suchard apareciera en octubre en el supermercado y se viniera conmigo a casa. Y en consecuencia, tampoco era nuevo el temor de que a este ritmo de engorde por las comidas navideñas y por el ensanchamiento corporal del propio embarazo, mi fondo de armario fuese menguando a pasos agigantados. Sin embargo ¡la ansiedad se ha apoderado de mí! Y me he pasado muchos días cavilando en torno a estos ejes que vertebran la fase final de mi segunda preñez.

No quiero engordar. ¡Que una gorda diga esto! Y más cuando nunca me ha importado estar fondona y salirme de los cánones de belleza modernos. Pero en navidad mi día a día ha sido un tira y afloja, una lucha conmigo misma ante situaciones relacionadas con los excesos navideños, de este estilo: ¿Me como otra galleta de chocolate o me quedo quieta? ¿Un trocito pequeño de turrón o media tableta a escondidas? Total no se va a enterar nadie… ¿Me ciño a mi plato en las comidas familiares o me cebo como si no hubiera un mañana? Si un día es un día… ¿Me escudo en el embarazo y me zampo todo lo que se me cruce en el camino o hago bondad para no sobrepasar los 6 kilos máximos de engorde que siempre me han recomendado en mis revisiones médicas? Bueno pues mucho pensar en estas disyuntivas, y mucho quebrarme la cabeza y ocupar rincones en mi pensamiento, pero a la hora de la verdad ¡el engullir siempre ganaba la partida! Y yo no soy así. Si vivo desde siempre acostumbrada a limitarme en lo que como, a no renunciar a todos los caprichos pero no ponerme morada con ellos. Ya no sé a qué achacar esta falta de fuerza de voluntad: si a las hormonas del embarazo, o a mi debilidad por la edad, o al estrés de los eventos familiares… Pero ha sido imposible retener estas ansias. Y por eso estas navidades he pasado miedo: miedo al pensar en la siguiente visita con la matrona que lleva mi embarazo, programada con toda la mala leche del mundo justo el 4 de enero, ahí, para subir en la báscula de la consulta todos esos excesos. Miedo a una nueva analítica para descartar una posible diabetes gestacional. Miedo a desbocarme con los kilos y que se dificulte la recta final del embarazo, el parto y la recuperación post parto. Sí, muchos miedos ¡pero cero intenciones de agarrar el toro por los cuernos y plantarme seriamente para cambiar mis hábitos! Tengo decidido que del día del parto ya no pasará. Pero hasta entonces ¡creo que voy a seguir siendo débil!

No quiero que la ropa deje de abrocharme. No he invertido nada en ropa premamá, porque estoy usando la que tuve en el primer embarazo y todos los modelitos de invierno que se me quedaron grandes tras mis 4 meses con el programa En tu línea. Al empezar el embarazo con 11 kilos menos de los que tenía en el mes de abril, mi objetivo era llegar a enero de 2017 tremendamente panzona por la preñez, pero sin haber ganado un peso excesivo, para darme un garbeo por las rebajas y comprar cositas para después del parto. Pero a este ritmo ¡voy a necesitar ropa premamá nueva en el último momento. El abrigo está apunto de negarse a cerrar la cremallera, y no puedo ir luciendo las lorzas en pleno invierno. Con los jerséis gruesos hago buen apaño, pero como me toque un día templado ¡ya la hemos diado! Porque sólo tengo la camiseta de Wondermami. Y los pijamas ¡en eso ni había pensado! Me entra un frío por la molla inferior de la panzota… Si lo pienso con calma, me queda un salto para el parto y no creo que deba comprar nada, pero lo de tener que estar saliendo casi a diario con la misma ropa ¡me tiene hartita! Y eso que yo soy lo menos fashion victim que existe en este mundo. Pero algo de variedad da alegría.

Ya veis que mis traumas navideños no han sido gran cosa. Bueno, lo del peso ¡ya me dirá la matrona si es para alarmarme o no! ¿Qué tal os han ido las fiestas?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

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