La belleza de una curvy recién parida

curvy recién parida

La semana pasada os contaba mis pensamientos acerca de cómo hacer para poder llegar al final de mi embarazo con mi ropa actual, a finales de febrero o principios de marzo, dejando que todo lo que es elástico y parece diseñado para dar mucho de sí, cumpla su función y haga su trabajo. Al final, yo que no quería hablar del día a día de una gorda embarazada, me doy cuenta de que en estos momentos, ahora que la niña ha empezado a ir al cole y me ha dado una tregua para comenzar a ser consciente de mi nuevo estado de preñez, me han venido a la mente esos primeros instantes de mi primera maternidad, en los que yo me negaba a olvidarme por completo de mí misma y de mis cuidados. Sin embargo ¡la falta de tiempo nos pone a todas en nuestro sitio! Y he decidido contaros algunas de las situaciones que viví como madre primeriza, a ver si reviviéndolas en la memoria logro que esta vez el cuidado del nuevo bebé no me pille desprevenida y me vuelva a trastocar mis rutinas del todo. No sé si lo conseguiré, o si realmente iré a peor ahora que voy a tener dos hijos de los que ocuparme. El caso es que durante mi primer parto y post parto me pasaron cosillas como esta, que quizás se pueden prevenir…

Yo fui al hospital como a un spa. Mi personal shopper creo que aún se está riendo de eso. Llevaba todas mis cremas de día y de noche, mi kit de manicura, mis hidratantes corporales… Me preguntaba si pensaba que iba a parir o a un hotel y yo no entendía la gracia. Reconozco que las uñas sí que me las pinté en cuanto salí del paritorio y pude volver a caminar por mi propio pie, porque nunca las llevo en su estado natural y como no te permiten tenerlas pintadas durante el proceso… Pero ahí acabaron mis cuidados personales. Con lograr que la niña se agarrase al pecho, ir a hacer pipí sola sin causar un descalabro con las maxi compresas del post parto y moverme poco para no manchar de sangre las sábanas y los camisones, ya tuve entretenimiento de sobra. Ahora que ya soy algo más experta en este área ¿podré volver a llevarme mis potingues o no?

La ducha diaria ¿es imprescindible? La respuesta es sí. Siempre. En todos los casos. Pero… aunque no me pasó muchas veces, reconozco que sí tengo al menos 2 días en mi memoria en los que tras finalizar la jornada como mamá primeriza 24 horas, me tumbé en la cama y no fui capaz de recordar si me había higienizado ese día ¡o no! A ver, no quiero hacer un drama con esta cuestión, ya que al ojo y al olfato tampoco estaba tan cochambrosa como para asegurar al 100% que no me hubiese duchado, pero tengo serias dudas al respecto. Esto sí que tengo que lograr mantenerlo bajo control y lograr al menos 5 minutos al día de agua y jabones variados.

Yo tenía dientes ¿no? Imaginaos que si se me olvidaba lavarme todo el tremendo cuerpazo que tengo ¿qué os voy a contar de los dientes? Esas mini cositas escondidas en la boca, que siempre dejo para el último momento, porque no me gusta lavarlos antes del desayuno, justo después me produce arcadas… y claro, entraba ya en la marea criadora del día a día y no volvía a acordarme de ellos hasta ¿la noche? ¿El día siguiente? A saber.

¿Ropa de andar por casa o pijama? Un día, estando yo tremendamente inspirada y muy imbuida del espíritu de la moda curvy, se me ocurrió la genial idea de escribir acerca de los modelos de ropa para estar en casa: cómoda, informal, pero que impida que te dé un ataque al corazón al escuchar que alguien llama a la puerta y tú andas con esas fachas. Recién parida, esto me importada tan, pero tan poco… Yo vivía en pijama. Unos con cremalleras y otros con botones, y me asomaba a la puerta sin sujetador, o con el de lactancia a medio cubrir, o directamente con la niña enganchada en la teta. Las manchas no eran visibles a mis ojos y ni loca me hubiera cambiado el pijama por otra ropa. Esto me gustaría que no volviera a pasar. No soy de deprimirme por ir hecha una zarrapastrosa en casa, pero indudablemente,creo que verse bien ayuda, y mucho, a sobrellevar otros aspectos de la maternidad inicial que no son tan fáciles de solucionar. A todo esto ¡tengo que buscar nuevos pijamas compatibles con la lactancia! Porque después de 3 años usando los mismos, estos sí creo que están ya más que amortizados.

El peine, ese gran desconocido. Yo soy de melenón, largo, largo. Y siempre juré que cuando me convirtiese en madre podría estar todo lo gorda que fuera, y todo lo dejada también, pero que nunca, jamás, me cortaría el pelo con la excusa de que es más fácil de cuidar. Eso sí, cuando nació la niña, me pasaba el día completo con la coleta recogida, nada de lucir y lo de peinarla… Digamos que hay gomas que sujetan muy bien y puedes hasta dormir tus horitas sin que tengas que darte un repaso. O eso creía yo.

Independientemente de vuestra talla, la maternidad suele llegar como un huracán que se lleva por delante nuestras antiguas prioridades, para instaurar un orden nuevo. Vosotras ¿os dejasteis arrasar u os mantuvisteis fuertes frente a la tempestad?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

2 comentarios:

  1. Pues yo no me lleve ni cremas ni otros potingues al hospital pero me siento identificada con todo lo que dices. Mi peor dia fue sentarme a las 6 de la mañana en el sofa y no levantarme hasta pasadas las 10 de la noche nada mas que para ir al baño, cuando logre que la peque se durmiera yo lloraba ya de desesperacion. A ver si con este segundo va mejor la cosa aunque lo veo complicado porque si con uno ya era dificil, ya ni me imagino con la mayor tambien Suelo pensar que si nuestras madres lo hicieron (y con mas de dos niños) que yo tambien podre aunque hay dias en el los que se te viene el mundo encima.

    • ¡Te creo! Al menos, ya tenías algo más de conciencia sobre lo que se te avecinaba cuando te fuiste a parir dejando las cremas en casa 😛 Yo me sorprendo al pensar que mi madre nos crió con 20 meses de diferencia. Me imagino a mí habiendo tenido a mi segundo hijo cuando la primera tenía esa edad, y me estreso sólo con las imágenes que cruzan mi mente. Y eso que no me considero demasiado obsesiva como madre, pero tengo puestas todas mis esperanzas en ese dicho de que el segundo se cría solo. ¿Será verdad?

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