Los antojos de una embarazada curvy

antojos de una embarazada curvy

No sé si a las futuras mamás delgadas el embarazo se les presenta como una etapa idílica y sumamente perfecta en lo que a la alimentación se refiere, pero los antojos de una embarazada curvy no son nada normales. Y lo peor ¡nada sanos! A mí me cuesta muchísimo optar por alimentos saludables ya en mi estado normal. Sinceramente: si me ponen delante una manzana y una galleta de chocolate, la fruta se pudrirá antes de que llegue el día en que la elija a ella. Cuando empecé con el plan En tu línea, sí conseguí hacer un cambio de chip brutal, pero sólo pude mantenerlo durante 4 meses, porque entonces comenzó este segundo embarazo y ahora tengo claro que hubiera necesitado muchas más semanas para afianzar los logros que iba alcanzando. Por aquel entonces, sí que elegía la fruta entre horas, siempre y sin saltarme ninguna comida, ni buscar excusas para comer otro tipo de alimentos más sabrosos pero menos recomendables. Sin embargo, sin ser una persona a la que los embarazos alteren hormonalmente, y que piensa que no tengo antojos de embarazada curvy dignos de mención, creo que tras 23 semanas de gestación debo reconocer que algo afectada sí que estoy. Os voy a contar los trastornos alimentarios que me suelen provocar las preñeces, pese a que luego adelgazo durante toda la gestación y salgo del paritorio con el mejor tipo que me he visto en años. Pero aún así, esta forma de alimentarme no es ni medio normal.

Puré de patata y mejillones. Este fue mi plato estrella del primer embarazo, con la peculiaridad de que además debía ser todo envasado. O sea, no quería un rico puré hecho a mano en casa, ni mejillones frescos al vapor, con limón o guisados, sino copos de puré de sobre, que quedaran bien espesos, y latas de mejillones a poder ser en escabeche, pero si no, al natural también me venían bien. Y todo mezclado entre sí. Una combinación rarísima, que jamás había comido antes y que se me metió entre ceja y ceja durante 9 meses. Lo bueno, es que era poco calórica. Lo malo es que existen millones de platos mejores para una embarazada.

Garbanzos y caldos. Este es mi plan para este embarazo. Lo mejor es que lo elaboro yo solita, con mis propias manos, con ingredientes frescos y con mi poquísima habilidad entre fogones. Lo peor es que podría estar comiendo garbanzos cada día de la semana y claro, así elimino otros alimentos necesarios en la dieta, como las verduras. Eso sí, no hablo de comer a diario un cocido con toda su pringue, sino que los elaboro en plan pobretón con pollo, patatas, zanahorias, cebolla y un poco de jamón serrano. Y se acabó. Visto así, no lo veo mal del todo, pero entiendo que tengo que variar más de dieta.

Chocolate. Entre los antojos de una embarazada curvy, este es de los más normales, pero es que podría asarme el día comiendo chocolate en todas sus formas. Y encima ¡los supermercados ya tienen a la venta los turrones de navidad! Esto va a ser mi perdición, porque ya me he traído a casa las dos primeras tabletas y seguro que no vamos a llegar a Nochebuena con ellas intactas. Normalmente, mi truco para evitar este tipo de tentaciones es no comprarlas: si no están en casa y a mano, tengo claro que por muy tremenda que sea la ansiedad no voy a bajar a la calle en su busca. Pero con la excusa de que durante el embarazo pierdo peso, me he traído a casa un arsenal de chocolate negro, principalmente. Bueno, que dentro de lo malo no es la peor opción. Pero ahí está, mirándome desde uno de los estantes de la cocina y tentándome a cada minuto. Sin embargo, mientras en épocas normales no sufro al saber que no hay nada goloso en casa, durante la preñez me paso el día obsesionada y pensando en todo lo que me comería, con lo cual, si no lo tengo a mano no puedo quitarme su imagen de la cabeza. A ver si me conformo sólo con la imagen y dejo de atacarlo tan frecuentemente.

Bollería industrial de la peor clase. Aquí sí que no tengo excusa posible. Justo durante el embarazo, que es cuando recomiendan llevar una dieta más saludable y huir de estos horrores alimentarios, a mí es cuando más me tientan. Hace 3 años, le echaba la culpa a que las citas con la matrona siempre me las ponían a las 3 o las 4 de la tarde. Como me pesaban en cada visita y yo no quería desbordar la báscula, desde el desayuno no volvía a ingerir nada, para llegar a la consulta ligera como una pluma. Pero claro, eran muchas horas entre el desayuno y esa comida-merienda que me esperaba después de la revisión, con la mala suerte de que justo en aquella época comenzaron a proliferar en el pueblo esas panaderías y confiterías que te venden 3 guarradas por 1,50 euros. Y había tantas rodeando el centro de salud, que cuando salía a la calle tras mi cita me abalanzaba sobre cualquiera de ellas y me zampaba las napolitanas de chocolate, los donuts o lo que quiera que fuera que tuvieran en promoción. Y no una sola, sino las 3. Casi me puedo alegrar de que las revisiones del embarazo sean una al mes y no a la semana, porque ese ritmo no habría cuerpo que lo aguantase. Ahora, vivimos en una zona donde no hay establecimientos de estos, pero cuando voy a hacer la compra semanal y veo la bollería expuesta en el supermercado ¡rara es la semana que logro contenerme para no echar algo al carro! Aunque si lo pienso ¡esta semana lo he logrado! ¿Me estaré enmendando?

¿Vosotras sufristeis estos cambios durante el embarazo? ¿Os esforzasteis por comer mejor u os dejasteis tentar por todo con la excusa de la preñez?

Mamá curvy

Siempre he sido una chica de talla grande pero la maternidad me hizo ser consciente de que ahora sí que no hay vuelta atrás. Por eso creo que la felicidad no se mide en kilos de peso, sino en curvas sinuosas. Si piensas que ser madre y sentirte mujer no son rasgos definitorios incompatibles ¡este es tu lugar!

2 comentarios:

  1. Marisa Sepulveda

    Pues yo durante el primer embarazo daba igual lo que comia porque tal como entraba salia. Antojos pocos por no decir ninguno porque practicamente todo me daba asco y ademas ne volvi intolerante a lactosa. Durante casi los seis primeros meses de este embarazo tampoco he tenido antojos porque todo era mas o menos igual que con el primero, luego las nauseas se fueron y aqui me tienes comiendo algo dulce despues de cada comida, que es cuando me lo pide el cuerpo. Mi suegro me trajo dos tabletas de turron del duro que calleron en tres semanas y ya llevo un paneton y voy por el segundo pan d’oro, si no me llevo algo dulce al trabajo tengo que comprarlo alli. Yo nunca he comido tanto dulce y mucho menos chocolate pero no se yo si es que realmente mi cuerpo lo necesita o son los genes del papa de la criatura que han invadido mi cuerpo…

    • ¡No me hables de turrón! En 5 días 2 tabletas de turrón de chocolates. Vale que el insecto palo me ha colaborado, pero a la niña no le hemos ofrecido ni un milímetro y estoy convencida de que soy yo la que ha engullido la mayor parte. Así no puedo seguir. Esa ansiedad de dulce no me ataca todos los días por igual ¡y menos mal! Porque si no acabaría el embarazo echando a rodar. Yo no creo que mi cuerpo necesite todo ese azúcar, porque oye, se me podría antojar una fruta y andando. Pero es que me pongo súper ansiosa sólo de pensar en esta comida.

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